Hace unos días hablé sobre la idea de "postpresente", un concepto relativamente nuevo que se refiere a la actual percepción de la temporalidad en un mundo de redes sociales, ciberespacio e internet, con una realidad líquida, cambiante y vertiginosa. Ahora no estamos en un presente sino en un pasado y futuro permanente y simultáneo, producto de la velocidad en que se producen y difunden los acontecimientos. Esta multiplicidad de un presente posterior al real, afecta a muchas de las actividades humanas de hoy en día, y el arte es, notablemente, una de ellas.
Curiosamente, en el arte actual el postpresente se manifiesta como una ruptura total con la idea de "vanguardia". Ya no se busca el "arte del futuro", porque el futuro parece haber colapsado dentro de nuestras pantallas. Esta tendencia está transformando la creación artística generando conceptos que están marcando un nuevo ritmo. Hay varios autores y artistas que proponen diversas ideas para entender este fenómeno.
El artista británico James Bridle acuñó el término "Nueva Estética" para describir cómo la estética de las máquinas (satélites, mapas de bits, glitches, visión computarizada) se está filtrando en el mundo físico. En el postpresente, vemos el mundo a través de los ojos de la tecnología. Pinturas que parecen errores digitales o esculturas que imitan polígonos 3D son ejemplos de cómo lo virtual ha "colonizado" nuestra realidad física.
El estadounidense Mark Fisher populariza un concepto particular, la Hauntología, la Cultura del fantasma, que es un arte que siente nostalgia por los "futuros perdidos" (cómo imaginábamos el año 2000 en los años 70, por ejemplo). Como el postpresente diluye la línea entre pasado y futuro, el arte actual está obsesionado con reciclar. Así tenemos también el Vaporwave, que es quizás el género visual y musical que mejor define el postpresente. Mezcla estatuas romanas (pasado lejano), computadoras de los 90 (pasado cercano) y paisajes ciberespaciales (futuro) en un solo plano. Es arte que no pertenece a ningún tiempo.
Igualmente está lo que se llama el fin de la "Obra Única", el Post-Internet Art, dado que en el postpresente, el arte no ocurre en el lienzo, sino en la red. La artista alemana Hito Steyerl es una de teóricas más importantes aquí. Ella habla de la "defensa de la imagen pobre". En el postpresente, una obra de arte es algo que se comparte, se pixela, se convierte en meme y se transforma. La "calidad" importa menos que la velocidad de circulación. En esa misma línea está el Arte Algorítmico y Generativo. Con la IA, el artista ya no "crea" desde cero, sino que "cura" o "dirige" un flujo infinito de posibilidades. El arte se vuelve un proceso en tiempo real, no un objeto terminado.
Finalmente, esto trae como consecuencia la inmersión y la desaparición del espectador como tal. Ya no vamos al museo a "mirar" una obra de forma pasiva (distancia presente). En el postpresente, el espectador debe estar dentro de la obra. Hay experiencias inmersivas, desde las salas de Van Gogh en 360° hasta las instalaciones de teamLab. El arte se convierte en un entorno donde el tiempo se detiene y lo único que importa es la experiencia sensorial inmediata, diseñada para ser fotografiada y compartida (haciéndola existir en el postpresente digital).
El arte del postpresente no intenta decirnos "mira lo que viene", sino "mira dónde estás atrapado". Es un arte que utiliza el error (glitch), la saturación y la mezcla de épocas para reflejar que vivimos en un presente eterno y fragmentado.
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| James Bridle |
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| Mark Fisher |
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| Hito Steyerl |



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