En la publicación anterior comenté sobre algunas de las ideas que el filósofo estadounidense Charles L. Stevenson propuso al respecto de la ética y su relación con el uso del lenguaje. Él señala dos significados en el lenguaje ético, el descriptivo y emotivo, que vienen de las creencias y las actitudes de cada sociedad. Esta es la base de su estructura mental para definir la ética y sus manifestaciones a través de los lenguajes.
Plantea entonces dos métodos del discurso moral. Dado que el desacuerdo moral es, fundamentalmente, un desacuerdo de actitudes, ¿cómo se resuelve? No mediante la razón pura o la demostración lógica (como en ciencia), sino mediante dos métodos:
a) Métodos descriptivos de la razón, que se usan para resolver desacuerdos en creencia. Se discuten hechos, causas, consecuencias. Si dos personas discrepan sobre si la eutanasia causa sufrimiento, pueden apelar a datos. Esto es útil, pero secundario. Si tras acordar los hechos siguen discrepando en su actitud (uno la aprueba y otro la rechaza), la razón pura no puede resolverlo.
b) Métodos persuasivos dinámicos, que son la forma genuina de resolver desacuerdos de actitud. Estos incluyen:
- Apelaciones emocionales: usar un lenguaje vívido, ejemplos conmovedores, metáforas.
- Persuasión "psicológica": reestructurar la percepción de la situación, resaltar ciertos valores olvidados.
- Persuasión "lógica" (aparente): mostrar cómo la actitud del otro lleva a consecuencias que él mismo no aprueba (tratando de generar una inconsistencia en su sistema de actitudes).
- Influencia no racional: repetición, autoridad, retórica.
En esencia, para Stevenson, la discusión moral no es una búsqueda de una verdad objetiva, sino un intento de influir en las actitudes del otro para lograr un acuerdo o un acercamiento. Por otro lado, él habla del papel de la definición persuasiva, que es una de sus ideas más originales. Una definición persuasiva es una estrategia retórica que cambia el significado descriptivo de un término (para hacerlo más favorable o desfavorable) sin alterar su significado emotivo (su carga de aprobación/desaprobación). Por ejemplo: decir que "el verdadero socialismo" no es el de los estados totalitarios, sino el de las comunidades libres y solidarias. Se conserva la palabra emotivamente positiva "socialismo", pero se redefine su contenido descriptivo para ajustarlo a la ideología del hablante. Esto muestra cómo el lenguaje ético se puede manipular para ganar aprobación hacia nuevas ideas.
En resumen, es innegable la importancia de Stevenson, porque rompe con el objetivismo moral tradicional. Niega que existan propiedades morales objetivas en el mundo. Asi mismo, supera el emotivismo radical de otros moralistas, como A.J. Ayer. Mientras Ayer decía que los juicios éticos son meras exclamaciones emocionales ("¡Bien!" o "¡Puaj!"), Stevenson añade el componente dinámico de influencia y reconoce el papel complejo de las creencias y la persuasión racional. Es un emotivismo más sofisticado.
Ofrece así una explicación plausible del desacuerdo moral. Explica por qué discutimos tan apasionadamente sobre valores sin llegar a una "prueba" concluyente. Conecta igualmente ética con retórica y psicología. Muestra que hacer ética es también usar el lenguaje de manera persuasiva.
Claro que hay otras cíticas frecuentes. Muchos filósofos (como Alasdair MacIntyre) dicen que su teoría reduce la razón moral a mera manipulación emocional, y que no puede explicar por qué usamos términos como "deber" con una fuerza que parece más que una simple preferencia personal. Tampoco explica cómo podemos debatir racionalmente sobre qué actitudes deberíamos tener. Son temas de debate que aún hoy se discuten. En definitiva, Stevenson lleva a escuchar el lenguaje moral no como un informe sobre el mundo, sino como una partitura emocional que expresa nuestros sentimientos más profundos y busca hacer que los demás bailen al mismo ritmo.















