Timnit Gebru es una científica estadounidense nacida en Etiopía en 1983, experta en computación y especializada en algoritmos de minería de datos y sesgo algorítmico. Aboga por la defensa de la diversidad en la tecnología y es cofundadora de Black in AI, una comunidad de investigadores afrodescendientes que trabajan en inteligencia artificial.
Su trabajo se ha centrado en demostrar cómo los algoritmos de aprendizaje automático pueden replicar y amplificar los sesgos humanos, la discriminación y la desigualdad. Trabajó en la empresa Google y salió en 2020 por denunciar algunos de los métodos de desarrollo de la inteligencia artificial que ella consideraba anti éticos.
En 2018, junto con el también informático Joy Buolamwini del MIT, publicó el influyente estudio Gender Shades, que analizó los sistemas comerciales de análisis facial de empresas como IBM, Microsoft y Face++. Sus hallazgos demostraron que la precisión del reconocimiento facial era superior al 99% para hombres de piel clara, pero la tasa de error aumentaba dramáticamente (hasta un 34.7%) al analizar rostros de mujeres de piel oscura. Esto reveló que los conjuntos de datos de entrenamiento (datasets) estaban masivamente sesgados hacia personas de tez blanca y promovió un debate global sobre el sesgo algorítmico y los derechos civiles.
Esta investigación pionera evidenció fallos críticos en la equidad de los sistemas de visión por computadora. La contribución central de Timnit Gebru a la ética de la IA es haber revelado una contradicción fundamental: la tecnología por sí sola no puede resolver problemas éticos arraigados en los datos y en las estructuras de poder. Su postura se resume así: la ética no es una "revisión de cumplimiento" que se añade al final del desarrollo técnico, sino una consideración esencial que debe integrarse en cada paso, desde la recolección de datos hasta el diseño y el despliegue de los modelos.
En próximas publicaciones abordaré otros temas que ella analiza desde hace unos años, como el costo ambiental de la IA y lo que llama "datos no curados", que le ha impuslado a proponer una "IA frugal", que esté en concordancia con las necesidades reales tanto de los usuarios como del sistema ecológico.
















