En la entrada anterior cometé las ideas del filósofo francés Jacques Derrida respecto del uso del lenguaje, lo que él llama "logocentrismo" y su crítica a los conceptos de oralidad y escritura de la escuela estructuralista de Ferdinand de Saussure y Claude Lévi-Strauss. Vimos que si según las ideas de deconstrucción de Derrida, no hay razón para privilegiar el habla sobre la escritura. Esta es también es un sistema de "diferencias puras", en las que el significado está igual de cercano al pensamiento que en el lengauje oral.
Lo más revolucionario de las ideas de Derrida es que se invierte la jerarquía tradicional. Él propone el concepto de arqui-escritura (archi-écriture), que no es la escritura común (la literal, como tinta sobre papel); es una condición de posibilidad de todo lenguaje (oral y escrito). La arqui-escritura es la estructura de la diferencia, el espaciamiento, el rastro y la ausencia que permite que cualquier signo (sonoro o gráfico) funcione. Para que una palabra hablada signifique, debe poder repetirse sin la presencia de su emisor original (debe ser "iterable" o "citable"). Esa capacidad de funcionar en ausencia del referente y del destinatario es una característica escritural. Por tanto, el habla ya tiene en su núcleo la estructura de la escritura.
Habla también del "Suplemento Peligroso". Derrida analiza, sobre todo en los textos de Rousseau, a quien también critica, la figura del "suplemento". La escritura es vista como un suplemento externo que añade algo "extra" a la naturaleza pura del habla. Pero el suplemento tiene una lógica paradójica: Añade una ausencia. Es decir, añade algo que supuestamente falta en el origen (la presencia plena, natural, del sentido). A su vez, revela una falta originaria. Al tener que añadir la escritura para compensar algo, se demuestra que el "origen" (el habla pura, la presencia natural) nunca fue completo. El origen ya era un suplemento. Por lo tanto, la escritura no corrompe una inocencia original; más bien, revela que toda inocencia es un mito. La archi-escritura es el movimiento de esa suplementariedad.
En conclusión, ¿qué dice Derrida? No dice que debamos hablar por escrito o que el habla no exista. Su tesis es que el modelo de la escritura (entendido como diferencia, espaciamiento, rastro y ausencia) es más fundamental que el modelo de la voz. La escritura que él defiende no es la empírica, sino la arqui-escritura, que desmantela el sueño de una presencia plena e inmediata del sentido. El lenguaje, tanto hablado como escrito, está siempre ya marcado por esa diferencia originaria.



















