Daniel Innerarity, filósofo español nacido en 1967, ha explorado las implicaciones de la inteligencia artificial generativa en el arte, cuestionando su verdadera creatividad. Argumenta que el arte generado por IA no es verdaderamente creativo, sino una recombinación de patrones extraídos de obras pasadas, como imitar estilos de Rembrandt o Beethoven mediante algoritmos estadísticos. Esta "creación artificial" produce resultados convincentes pero predecibles, incapaces de rupturas imprevisibles que definen la originalidad humana, como las fases tardías de Beethoven.
No obstante, él considera válido el rol auxiliar de la IA, cuando actúa como herramienta auxiliar para artistas, descargando tareas repetitivas como transposiciones musicales o instrumentación, democratizando el acceso a la experimentación creativa. Así, libera a los humanos para enfocarse en lo inimitable, revelando el núcleo auténtico del arte humano.
De alguna forma, Innerarity compara esto con la fotografía, que impulsó el impresionismo al desplazar la descripción realista en pintura; la IA podría redefinir el arte hacia la expresión única humana. En entrevistas recientes, reitera que la IA capta patrones pero su "originalidad" es combinatoria, no intensa. Pasa entonces a tratar una teoría crítica de la inteligencia artificial que va más allá de enfoques éticos, morales o estéticos, analizando las condiciones estructurales que permiten o impiden una IA responsable en las sociedades democráticas.
Así identifica como núcleo el problema de la externalización creciente de decisiones humanas a sistemas algorítmicos, que automatizan desde lo cotidiano hasta lo político, pasando por lo artístico, desplazando la capacidad decisoria humana. Esto no es mera instrumentalización, sino un reemplazo que cuestiona el lugar de la voluntad popular en la vida común y la democracia.
Innerarity aboga por una filosofía política de la IA que democratice el entorno algorítmico, garantizando igualdad y reflexión humana frente a la automaticidad, sin renunciar a sus beneficios. Esto incluye interrogantes sobre si los agregadores algorítmicos podrían suplir urnas electorales, por ejemplo, rechazando tal idea por ignorar el "yo aspiracional" democrático.
















