Mostrando entradas con la etiqueta Aristóteles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aristóteles. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de octubre de 2022

Sobre la tragedia y pasión, por Aristóteles

La Poética​ o Sobre la poética, es una obra escrita por Aristóteles en el siglo IV a. C., y su tema principal es la reflexión estética a través de la caracterización y descripción de la tragedia. Aquí transcribo una idea al respecto:

 "Es pues, la tragedia la imitación de una acción seria y completa, de cierta extensión, con un lenguaje sazonado, empleado separadamente: cada tipo de sazonamiento en sus distintas partes, de personajes que actúan y no a lo largo de un relato, y que a la vez de la compasión y el terror lleva a término la expurgación de tales pasiones".

Esto sigue siendo válido hoy, estéticamente, para toda expresión que se asocie con la tragedia y la epopeya, en cualquier medio.

lunes, 10 de octubre de 2016

Una frase de Aristóteles

Aristóteles (nacido en Estagira, Macedonia griega, en 384 a. C. y fallecido en Calcis, en 322 a. C.), fue un destacado filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia, cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios. En la publicación anterior hicimos referencia a su pensamiento sobre lo que podemos llamar una protosemiótica, una aproximación a la idea de los signos. Esto se relaciona con el habla y el pensamiento. Aquí coloco una frase suya al respecto:

"Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla".


Se afirma que escribió cerca de 200 tratados (de los cuales solo nos han llegado 31) sobre una enorme variedad de temas, entre ellos: lógica, metafísica, filosofía de la ciencia, ética, filosofía política, estética, retórica, física, astronomía y biología. Aristóteles transformó muchas, si no todas, las áreas del conocimiento que abordó, incluyendo lo que hoy llamamos semiótica: el estudio de los signos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Discurso y discurrir (y 2)

En la publicación de ayer hice mención al término "discurso" y cómo se relaciona con el "discurrir", partiendo de Aristóteles. Señalé que en la comunicación se puede hablar también de discursos relacionados con los medios o formas del mensaje. Desde ese punto de vista se acepta que hay un discurso mediático, que es el que corresponde a los medios de comunicación y su respectivo mensaje. 

Es así que se habla de discurso televisivo, radiofónico, periodístico y ahora multimedíatico y multimodal. Asimismo para estudiar el componente textual existen formas de análisis críticos del discurso, tal como lo plantea Theun Van Dijk. En principio podemos decir que estos discursos están construidos en lenguajes que se adaptan a cada medio, y si bien todos discurren contenidos, información, noticias u otras formas de mensajes, estos tienen una identidad propia.



Igualmente se produce una interculturalidad específica que se vincula con ideologías, identidades y técnicas que vienen con la intención detrás de cada discurso. Es por esto que no es igual comunicar en y para televisión que hacerlo en radio o en prensa, o para internet y medios digitales. En este sentido el discurso resultante son representaciones de realidades propias de cada espacio, situación o fragmento de la realidad que es reflejo de quien crea o emite el mensaje y se transforma o contextualiza según el entorno o campo de experiencias del percerptor o público receptor.

Como cada medio puede disponer de una forma de discurso autónomo, además de un análisis general y sus consecuencias al respecto, se debe estudiar también cómo cada canal en su conjunto afecta la construcción de los mensajes y de qué manera se conforma un conjunto comunicacional consecuente, que debe ser entendido desde esos puntos de vista, propios de cada medio.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Discurso y discurrir (1)

Uno de los conceptos que se relaciona desde la antigüedad a una idea de lo que podemos llamar comunicación es el de discurso, y como consecuencia, la acción de discurrir. De los primeros postulados que pueden asociarse a una noción de proceso comunicacional, y que sirvió de base en el siglo XX a sus modelos clásicos descriptivos, es la explicación que da Aristóteles a la idea de retórica como forma expresiva. Ya en otras publicaciones aquí mencioné ese esquema para referirlo con el paradigma de Lasswell sobre comunicación. 

En el libro Ars Retórica, que es una recopilación hecha por los discípulos de Aristóteles sobre su pensamiento al respecto, el filósofo griego señala que en la retórica, que es un instrumento de debate y una herramienta de persuasión que utiliza el lenguaje de manera apropiada y elegante, intervienen tres elementos: el QUIEN que dice, habla, se expresa, es decir, el DICENTE; el QUE o sea lo dicho, y el QUIEN que escucha, esto es el OYENTE. Por supuesto en el libro -que está compuesto por varios tomos- él trabaja muchas ideas, y debate con los sofistas, pero para los efectos de la comunicación estos tres factores son clave porque van a contribuir, 2.300 años después, con la moldelación de sus componentes.

El término del medio, el discurso, se asocia actualmente al concepto de mensaje, si bien es cierto DISCURSO implica otras cosas. La idea original de discurso tiene que ver con inferencia, relación de ideas, reflexión o exposición y escritos, tratados o doctrinas sobre ideologías, tesis y puntos de vista. El discurso no es lo que dice un político hablando horas y horas. Eso es un aburrimiento. El discurso tiene que ver con el discurrir, que es una palabra que abarca desde el transcurso de los hechos hasta el curso del pensamiento, la conjetura, la inferencia y la capacidad de reflexionar. Es el fluir de las cosas. Discurrir también es decurso, el paso del tiempo, que se relaciona con el acto expositivo. Esto se aplica en la comunicación y sus formas y medios, por eso se puede hablar de discurso verbal, visual, textual, audiovisual e incluso multimodal, como veremos en la próxima publicación. 



lunes, 7 de noviembre de 2011

La estética de Aristóteles

Como todos los grandes pensadores y filósofos griegos, Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.), el "Estagirita" (por haber nacido en Estagira, Macedonia) tocó el tema de la belleza y la estética (aunque no existiera el término) de manera indirecta y como parte de un cuerpo teórico general. Es así que no puede hablarse en sentido estricto de una estética de Aristóteles, pero sí pueden manejarse ideas que al estar relacionadas con lo bello y lo bueno (tal como hicieron Sócrates y Platón antes) se relacionan con lo que hoy entendemos por estética.

Siendo así, a pesar de que sus conceptos en este sentido están disueltos en su obra, podemos afirmar que en efecto hay una estética aristotélica, que los estudiosos han dividido según su objeto en "lo bello moral y "lo bello formal".  Esto por supuesto entendiendo la relación entre la belleza y el bien, principio siempre discutido en las filosofías clásicas, que ademas hoy entendemos como aproximaciones subjetivas a la realidad. Lo bello moral es, entonces, una estética del bien. Y Aristóteles distingue tres clases de "bien" para esta categoría: el cósmico, el práctico y el útil. El primero es el dominio de lo superior, del fin último de la naturaleza, que es, de alguna manera lo que se relaciona con el arte: una armonía universal. El práctico es el bien ligado a la acción, al esfuerzo, y tiene que ver con las virtudes del cuerpo y del alma. Y el bien útil es el que se relaciona con el valor de las cosas, aquello que por tener fines específicos, es deseado como medio para la vida.

Por otro lado, lo bello formal son aquellas cosas que responden a leyes, a órdenes supremos y a condiciones inmutables en la naturaleza: la matemática, la geometría, la simetría. La belleza formal también se manifiesta en el cuerpo humano por ejemplo, que responde a características consideradas bellas por su orden, simetría y proporción. Aquí también Aristóteles relaciona lo bello con lo bueno, siendo bello en el hombre su salud, su fuerza, su grandeza, considerados valores "buenos". Implica entonces una síntesis entre lo racional y lo sensible.

Finalmente, Aristóteles concluye que lo bello, que es esa suma de valores morales y formales, debe poder ser percibible a través de los sentidos. Como en Platón, entonces, se implica un proceso de captación previa de la realidad para luego poder ser asimilada e intelectualizada, por lo que el conocimiento es placentero, y luego conlleva a un disfrute; y es bello lo que gusta por medio de la vista y el oído fundamentalmente. Dividió estos sentidos en función del deleite que generaban al captar algo bello: la vista placer intelictivo, el oído placer moral, por ejemplo. Para él la belleza era una unidad de partes que tenían las siguientes condiciones: Táxis (distribución en el espacio de las partes componentes del objeto); Symmetría  (la correcta proporción de esas partes); y Horisménon (la extensión o tamaño de lo bello). Las cosas no deben excederse ni verse tampoco mermadas en sus dimensiones. Las artes, entonces, son elementos moderadores, buscan el punto medio; y en ello está la clave del bien.