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lunes, 10 de marzo de 2025

Teoría semiótica emocional

La teoría semiótica emocional se refiere al estudio de los significados emocionales transmitidos a través de textos literarios y otros elementos comunicacionales, analizando símbolos, metáforas y representaciones de las emociones en distintas formas. La semiótica de Peirce ofrece herramientas analíticas valiosas para pensar las emociones como efectos de sentido. Este es un campo de estudio emergente que explora cómo las emociones se comunican y se interpretan a través de signos y símbolos. Aunque no es una disciplina consolidada con una larga historia, existe un creciente interés en comprender la relación entre semiótica y emociones.

Para comprender la semiótica emocional hace falta delimitar algunos factores que la caracterizan. Uno es entender las emociones como signos. La semiótica emocional considera que las emociones pueden ser entendidas como signos que transmiten significados. Estos signos pueden manifestarse de diversas formas, como expresiones faciales, lenguaje corporal, tono de voz, e incluso a través de objetos y símbolos culturales. También se revisa la interpretación de emociones. La semiótica emocional se centra en cómo interpretamos y damos sentido a las emociones, tanto propias como ajenas. Esta interpretación está influenciada por factores culturales, sociales y personales.

El análisis semiótico de las emociones en la comunicación, por ejemplo, contribuye a desvelar la diversidad de perspectivas y enfoques en torno a las experiencias emocionales, ofreciendo una comprensión más amplia de la complejidad humana y fomentando la empatía y la reflexión en el perceptor. La relación entre el lenguaje emocional y la significación es fundamental para comprender cómo las emociones se convierten en un vehículo para la transmisión de significados en una obra artística, literaria o comunicacional. La semiótica de las emociones revela que las emociones no solo son representaciones subjetivas, sino que también son construcciones simbólicas que influyen en la interpretación y el significado de un hecho.

La semiótica peirceana ofrece herramientas analíticas valiosas para pensar las emociones también como efectos de sentido, como resultado de procesos inferenciales (no necesariamente conscientes) que involucran tanto a la mente como al cuerpo, y que no por tener un enclave corporal y afectivo están menos socialmente reguladas. Al desentrañar los signos y símbolos que representan y evocan emociones, se revela cómo estas son utilizadas para transmitir temas, conflictos, y estados de ánimo a lo largo de una obra.

La semiótica emocional tiene aplicaciones en diversos campos, como la comunicación social, el mercadeo, el diseño, la psicología y la inteligencia artificial. Por ejemplo, se utiliza para analizar cómo las emociones se representan en los medios de comunicación, cómo influyen en el comportamiento del consumidor, o cómo se pueden diseñar interfaces de usuario más intuitivas y empáticas.

domingo, 23 de febrero de 2025

El "Ground" para Peirce

El Ground es un concepto fundamental en la teoría de los signos y la semiótica del filósofo estadounidense, Charles Sanders Peirce (1939-1914), y se refiere a la base o fundamento sobre el cual se establece una relación sígnica, es decir, la conexión entre un signo, su objeto y su interpretante. Si bien su traducción como base o fundamento no es del todo adecuada, ayuda a comprender la idea. El Ground es la instancia inicial del proceso cognitivo de pasar de un objeto dinámico, mediante el representamen, a la formación de un objeto inmediato. En otras palabras, el Ground es aquello que permite que un signo represente algo para alguien. No es una cualidad inherente del signo en sí mismo, sino más bien una relación que se establece entre el signo y el objeto en un contexto determinado.

En la teoría de Peirce, este Ground es un objeto de la conciencia inmediata que determina la constitución del signo. Es decir, el Ground es la base del representamen, el fundamento del signo. No olvidemos que Peirce divide al signo en tres componentes, representamen (la representación), objeto (la referencia) e interpretante (el significado), y los definió por su modo de determinación. Esta es la tríada peirceana. La relación de determinación informativa o lógica que restringe objeto, signo e interpretante es más general que los casos especiales de determinación causal o física. 

Entonces el Ground es el aspecto específico en el que cierto objeto puede comprenderse y transmitirse: es el contenido de una expresión y de hecho se identifica con el significado (o con un componente elemental del mismo). Este factor determina la orientación o el curso de la semiosis, que es la formación del signo. A su vez establece el aspecto desde el cual es considerado y construido el objeto y es la condición de posibilidad para que un signo sea tomado como tal. Peirce distingue tres tipos principales de Ground:

  • Ground icónico: se basa en la semejanza o similitud entre el signo y el objeto. Por ejemplo, una fotografía de una persona tiene un Ground icónico con respecto a esa persona, ya que se parece a ella.
  • Ground indicial: se fundamenta en una conexión física o causal entre el signo y el objeto. Por ejemplo, el humo es un signo indicial de fuego, ya que el humo es causado por el fuego.
  • Ground simbólico: se trata de una convención o acuerdo social entre el signo y el objeto. Por ejemplo, las palabras de un idioma tienen un Ground simbólico, ya que su significado se basa en un acuerdo entre los hablantes de ese idioma.

Es importante tener en cuenta que un signo puede tener múltiples Grounds al mismo tiempo. Por ejemplo, una palabra puede tener un Ground icónico (si su sonido se asemeja a algo), un Ground indicial (si su uso está relacionado con un evento específico) y un Ground simbólico (su significado convenido). Vemos así que este concepto de Peirce es esencial para comprender cómo funcionan los signos y cómo construimos significados en el mundo que nos rodea. Nos permite analizar las diferentes formas en que los signos se relacionan con sus objetos y cómo estas relaciones están mediadas por nuestras experiencias, conocimientos y convenciones sociales.

domingo, 5 de febrero de 2023

Semiosis ilimitada

¿Qué es la semiosis ilimitada? El primero que propone este concepto es el semiótico y filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914), quien de partida define a la semiosis como aquel proceso mediante el cual un sonido, objeto, marca o convenio se convierte en signo, entendiendo a este como "algo que está en lugar de otra cosa". La semiosis entonces se trata de un proceso que involucra una serie de elementos, porque los signos no son objetos dados de antemano, sino que cualquier cosa puede funcionar como un signo si establecen las relaciones pertinentes exigidas, a saber, la referencia a un objeto y su interpretación. No hay que olvidar que Peirce entiende que un signo tiene tres componentes: el representamen, el objeto y el interpretante. En este modelo semiótico para que algo funcione como signo debe ser requisito indispensable la existencia de estos tres elementos que ocupan desde el punto de vista lógico el lugar de un primero, un segundo y un tercero respectivamente (ver https://ciberestetica.blogspot.com/2017/10/el-signo-para-peirce.html). Ahora bien, la semiosis resulta ser, al final, un proceso ilimitado. ¿Qué significa eso?

Peirce dice que la semiosis ilimitada es cuando todo signo interpreta a otro signo y su condición fundamental consiste en esta regresión al infinito. Lo concibe como el fenómeno por el cual un signo da origen a otro. Por ejemplo, una palabra define a otra y esta a otra, y así de manera infinita. O bien una imagen está compuesta de otras imágenes, que a su vez están compuestas de signos, símbolos, señales, que son íconos, que están compuestos por unidades gráficas visuales, que se van sumando y componiendo en otras imágenes. En otras palabras, la semiosis ilimitada implica el dinamismo del modelo que se refleja en la posibilidad de continua referencia de unos signos a otros, aunque efectivamente, en el momento de uso del signo, esa semiosis ilimitada no se realice obligatoriamente. Otro buen ejemplo es el del diccionario: se busca el significado de una palabra y esa definición usa a su vez otras palabras, mismas que tienen también sus propias definiciones, que requieren de otras palabras para ser definidas y así sucesivamente, lo que lleva a una secuencia ilimitada, casi infinita.  

Varios teóricos de la semiótica has estudiado este fenómeno, notablemente Umberto Eco, quien destaca que la simplicidad de la semiosis, que establece la relación entre representamen, objeto e interpretante, es de una simple apariencia: parte de su complejidad se pone de relieve al indicarse que toda semiosis determina una nueva relación sígnica, al menos en principio, lo cual lleva a una cadena sinfín de posibles relaciones de signos y significados. Eco dice que la categoría de "interpretante" es imprecisa y eso la hace pura. Esta categoría (la posible interpretación) muestra desplazamientos continuos, donde un signo refiere a otros o a cadenas de signos, que pueden no tener fin. Y añade que las unidades culturales se explican a través de entidades semióticas. Existe una circularidad, que es condición normal para el proceso de significación y esto permite que los signos se puedan usar para referirse a cosas. Es decir que la semiosis ilimitada es "circular". Al final, como en una circunferencia enorme, se termina donde se comienza. Solo que ese inicio y final puede ser ilimitado. Esa es la riqueza de nuestros lenguajes humanos.

lunes, 12 de julio de 2021

Peirce y la semiótica (y 3)

En esta publicación cierro este breve repaso por el aporte del filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914) a la disciplina que él mismo definió como semiótica. Uno de los enfoque más interesantes de su pensamiento tiene que ver con las concepciones triádicas, en las que tres elementos conforman una unidad, tanto para el signo (semiótica, de significado), como para otros componentes epistemológicos. El signo se compone de representamen, objeto  e interpretante, los cuales a su vez se subdividen en formas propias para cada elemento, como vemos en estos diagramas: 


En este segundo gráfico están presentes sus conceptos de Primeridad, Segundidad y Terceridad, que aplica a cada factor componente del signo: cualisigno, sinsigno y legisigno; ícono, índice y símbolo; rema, dicente y argumento. Más allá de la aplicación al signo, esa tripartición es también una posición filosófica. Así, Peirce habla de inducción, deducción y abducción, para expresar tres formas de razonamiento, a la manera aristotélica. Esto reafirma su interés por tres campos del pensamiento: la lógica, la epistemología y la ciencia. Sobre estos temas planteados por Peirce ya he escrito aquí en el blog.  

Finalmente, Peirce aporta otro concepto notable en el campo semiótico, el de Fanerón, que es aquello que, a través del signo y del pensamiento, se nos presenta a nuestra mente, aquí y ahora, como una suerte de fenómeno, trátese de algo real o no. El estudio de este fenómeno de entendimiento se llama faneroscopía. Aquí pongo los enlaces en lo que brevemente expliqué estas complejas e interesantes ideas. 

https://ciberestetica.blogspot.com/2012/07/faneron.html

https://ciberestetica.blogspot.com/2017/09/la-faneroscopia.html

domingo, 11 de julio de 2021

Peirce y la semiótica (2)

Entendemos por semiótica, según la definición general, a la ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, de funcionamiento y de recepción. También se la concibe como la teoría que trata sobre los signos. Fue el estadounidense Charles Sanders Peirce (1939-1914) quien estableció las bases de la semiótica como forma de estudio de los signos, desde un punto de vista lógico. 

Para Peirce la semiótica no es solo una teoría, sino que es una forma de pensamiento. En esta línea plantea que hay tres formas de expresar las concepciones reales: la monádica o unitaria, la diádica o relacional y la triádica o tripartita, que es la que efectivamente va a desarrollar. Sobre esta base va a proponer a su vez tres categorías fenomenológicas, que son las conocidas primeridad, segundidad y terceridad. Y esta tripartición la va a aplicar a su definición de signo, base de toda su teoría semiótica. El parte de la noción de que un signo es algo que está para alguien en lugar de otra cosa en algún aspecto o carácter. Y al proceso de establecimiento de esa relación la llamó semiosis. Así, un signo es alguna cosa que, para alguna persona, representa o se refiere a algo de alguna forma. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o, tal vez, un signo más desarrollado. 

La semiosis es el proceso en el que algo funciona como signo. Este proceso implica tres factores: lo que actúa como signo; aquello a lo que el signo alude; y la interpretación que de esta relación hace un intérprete. Como consecuencia el signo tiene tres elementos, que Peirce llama representamen, objeto e interpretante. Explica, como ya lo he citado antes en este blog, así:

"Un REPRESENTAMEN es el sujeto de una relación triádica con un segundo llamado OBJETO, para un tercero llamado su INTERPRETANTE; esta relación triádica es tal que el representamen determina a su interpretante a establecer la misma relación triádica con el mismo objeto para algún interpretante".

En otras palabras, el representamen es lo que percibimos como signo propiamente dicho, el objeto es aquello a lo que se refiere ese signo, y el interpretante es quien percibe y comprende esa relación. Este gráfico es explicativo:

El representamen, el objeto y el interpretante indican relaciones o funciones y no términos en relación. Es decir, si bien el signo es uno solo, que abarca esos tres componentes, tienes esos tres elementos que están unificados pero identificados, que surge de un proceso de semiosis, que veremos en la siguiente publicación.

sábado, 10 de julio de 2021

Peirce y la semiótica (1)

Se reconoce al filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce como uno de los fundadores de la semiótica moderna. ¿Quién fue Peirce y porque su aporte es tan importante, que aún hoy en este mundo cibernético, sus teorías son tan válidas, más aún que cuando las formuló? Él es uno de los fundadores del pensamiento contemporáneo, de la lógica de relaciones y cuantificadores, y cuya visión da origen al movimiento pragmático, tan relevante en el siglo XX. 

Charles Sanders Peirce (Cambridge, Massachusetts, 10 de septiembre de 1839-Milford, Pensilvania, 19 de abril de 1914), fue profesor de astronomía y matemáticas en la Universidad Harvard, donde se había graduado en química. Vivió un cierto escándalo después de divorciarse de su primera mujer, Melusina Fay, para casarse con Juliette Froissy. Comenzó a desarrollar su carrera profesional como científico en la United States Coast Survey entre 1859 y 1891, mientras fue profesor de lógica a tiempo parcial en la Universidad Johns Hopkins desde 1879 hasta 1884. Peirce publicó solo dos libros en vida, Photometric Researches (1878) y Studies in Logic (1883), y un gran número de artículos en revistas de diferentes áreas. Pero sus abundantes manuscritos fueron poco a poco compilados y difundidos, y entre 1931 y 1958 se ordenó temáticamente una selección de esos escritos y se publicó en ocho volúmenes con el nombre de Collected Papers of Charles Sanders Peirce

A partir de sus textos y sus ideas es que Peirce es considerado como el padre de la semiótica moderna, la ciencia de los signos. Más aún, su trabajo, en muchos casos pionero, fue relevante para muchas áreas del conocimiento. Su trabajo puede ser visto tanto desde el punto de la ciencia como de la lógica y la filosofía. Su forma de pensamiento se sustenta en lo que se conoce como el triadismo, que es una formulación que apela a la tripartición de todo elemento conceptual. Muchos filósofos y científicos aportaron a esta noción que subdivide el todo en tres partes, como fue el caso de los escolásticos.  Dentro de ese análisis que se basa en tres categorías, está su propuesta de definición de SIGNO, que ya he mencionado en otras publicaciones en este blog y que sirve de fundamento para toda si concepción de semiótica, como veremos en el siguiente post.  

martes, 2 de marzo de 2021

La estética semiótica de C.S. Peirce (y 4)

Para cerrar esta serie de entradas relacionadas con el artículo publicado en 2006, La estética semiótica de C.S. Peirce, por la profesora y semióloga brasileña, Lucía Santaella, voy a resumir las conclusiones a las que llega, tratando de discernir sobre una posible teoría estética semiótica inherente en las ideas del filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914). Ella hace primero un resumen de las distintas posiciones que aportan diferentes analistas sobre el tema de una semiótica peirceana, para luego ella proponer algunos puntos interesantes sobre esta idea de una estética semiótica en Peirce.

De las diferentes conclusiones a las que ella arriba, hay una muy buena de destacar, que es la que tiene que ver con el concepto de ícono y su valor como referente estético en una semiótica triádica positivista. Dice:

"De hecho, siendo algo que se presenta en el dominio de la primeridad, que es lo que tiene frescor, originalidad, siendo espontáneo y libre, en fin, algo de naturaleza monádica, el ícono parece cumplir muchas de las condiciones del signo estético. No obstante, ese cumplimiento se vuelve mucho más sutil y eficaz, cuando la noción de ícono no es aislada ni de la lógica triádica en la cual él se define, por un lado, ni del resto de las clasificaciones sígnicas por otro. Lamentablemente, esos aspectos fueron descuidados por la mayoría de los comentadores mencionados".

Es por esto que Lucía Santaella no se basa solo en todas los análisis hechos sobre este asunto, sino que ahonda en otros aspectos tal vez obviados. No hay que olvidar que cuando se habla de ícono hay que considerar la relación del signo con el objeto. Para estar en una relación icónica con su objeto se presupone la naturaleza que posee el signo en sí mismo, como cualisigno, lo cual va a ser la base de su factor estético. 

El cualisigno incluye las cualidades del signo, es decir que muestra sus características: color, forma, volumen, textura, luz, brillo, dimensión, proporción, peso densidad, movimiento, ritmo, sonido e incluso olor. Cuando una mente perceptora recibe un signo, que presenta y representa las cualidades de un objeto, se produce una interpretación que surge del efecto que originan sus cualidades. Estas generan reacciones ligadas a la sensorialidad y al sentimiento, que llevan a la apreciación estética, entendida esta como apreciación de lo sensible. 

Admite, sin embargo Santaella, que esta relación ícono-signo-semiótica-sensorialidad es apenas una parte de todo lo que puede construirse alrededor de la semiótica peirceana para definir una estética semiótica, porque hay que incluir los contextos, los conocimientos y los significados. Pero en síntesis, la semiótica peirceana "no es otra cosa que una teoría sígnica del conocimiento, original o suficiente para incorporar promiscuamente al conocimiento todos los elementos del sentir, de la percepción, afección, emoción, acción, sorpresa duda y transformación". Como se puede ver, es un abordaje muy atractivo para un tema complejo y siempre interesante.

lunes, 1 de marzo de 2021

La estética semiótica de C.S. Peirce (3)

Continuando con el tema de la estética semiótica de Charles Sanders Peirce, que se ha tratado en las dos publicaciones anteriores, veremos más del análisis que al respecto hace la profesora brasileña Lucía Santaella. Ella construye su propia aproximación a estas ideas sobre la base de las propuestas de otros autores, que divide en dos grupos: los que ven los planteamientos de Peirce como parte de una disciplina filosófica que resulta integrada a las ciencias normativas -estética, ética y lógica-; y los que han hecho una interpretación posible pero no rigurosa de las ideas del filósofo estadounidense, tratando de extraer de su fenomenología una posible teoría estética. 

En la publicación de ayer resumimos cómo Lucía Santaella analiza, en su texto de 2006, La estética semiótica de C.S. Peirce, aquellos autores de este segundo grupo. Luego resume el trabajo de los que observan un enfoque distinto, los del primer grupo: Herman Parret, por ejemplo, que afirma que el concepto de feeling (sentimiento) no puede ser asociado directamente a las sensaciones estéticas porque sería confundir la evaluación emocional con el juicio perceptivo. Desde el punto de vista semiótico, Parret dice que para Peirce el signo estético por excelencia es la metáfora. Para Santaella este análisis termina mezclando conceptos que no están discernidos como tales en las ideas de Peirce.

Nombra también a V. Tejera, que toca el tema de la estética en la literatura según la que sería una óptica semiótica peirceana, pero que en realidad no enfoca explícitamente la constitución de una estética sino de una suma de aportes más bien inconexos. Reconoce, sin embargo, que estos "comentadores" (de ambos grupos) están fascinados con un importante concepto en Peirce, que es el del ícono como signo cargado de valores que pueden ligarse a una visión estética. Dice Santaella:

"Realmente, la originalidad peirceana fue radical al introducir un tipo de signo o casi signo cuya naturaleza oscila entre ser signo y ser cosa, o sea, un signo que no deja de ser una cosa, o una cosa que se queda en la eminencia nunca consumada de ser signo".

Esta afirmación le permite a ella avanzar en su visión sobre la estética semiótica en Peirce, porque al enfatizar que la estética considera los objetos en su presentación, como aquellas cosas cuyos fines están en la corporeidad de sus cualidades de sentimiento, es fácil concluir que el ícono es el signo estético por excelencia. Claro, hay que observar al ícono desde diversos ángulos, cosa que veremos en el siguiente post.

domingo, 28 de febrero de 2021

La estética semiótica de C.S. Peirce (2)

En la publicación anterior comencé a escribir sobre un texto de la profesora brasileña en la Universidad Católica de San Pablo, Lucía Santaella, titulado La estética semiótica de C.S. Peirce, de 2006, en el que estudia distintas visiones respecto al abordaje que hace este filósofo estadounidense al tema de la semiótica, visto por distintos estudiosos teóricos. Ella observa, como se explicó ayer, dos tendencias, y destaca en particular a algunos de estos autores.

Lucía Santaella destaca, además de a Oliver Hocutt, que ya vimos, a C.M. Smith, a J. Jay Zeman, a E.E. Kaelin y a Kim Smith, como exponentes de lo que ella ve como una aproximación atractiva al establecimiento de una teoría estética semiótica que ha podido definir Charles Sanders Peirce, según sus propuestas filosóficas, pero que no son totalmente fieles a su pensamiento. Respecto a todas estas aproximaciones dice Santaella:

"La característica común de todos los textos arriba mencionados está en la ausencia de cualquier mención a la semiótica filosófica y al papel por ella ejercido tanto en la constitución de las ciencias normativas, como en la redefinición del pragmatismo peirceano. Consecuentemente, queda también mal entendido, por todos ellos, el modo muy particular como la estética se concibe como ciencia. Revelando un desconocimiento casi completo de la clasificación peirceana de las ciencias y del sentido que la palabra "normativa" adquirió en ese contexto, algunos comentadores C.M. Smith y Kaelin, por ejemplo, llegan a afirmar que Peirce concebía la estética como ciencia exacta".

Por otra parte, la autora agrupa a otra serie de teóricos que ven la idea estética en Peirce como parte de una disciplina filosófica integrada a las ciencias normativas -estética, ética y lógica-, y que responden más a los conceptos peirceanos, sin tampoco lograr un corpus definitivo. Sobre esta segunda posición hablaremos en la siguiente publicación.  

sábado, 27 de febrero de 2021

La estética semiótica de C.S. Peirce (1)

En un muy interesante texto de 2006, titulado justamente La estética semiótica de C.S. Peirce, la profesora brasileña, Lucía Santaella, docente en la Universidad Católica de San Pablo, se hace un análisis del tema de la estética tratado en las trabajos del filósofo y semiótico estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914). Ella hace, en primer término, un recuento de los diferentes estudios que algunos autores han hecho sobre el tópico de la semiótica en Peirce, para luego ella misma hacer su consideración del asunto. 

Separa a aquellos autores que abordan una posible aportación a la estética por Peirce en dos grupos: los que ven sus propuestas como parte de una disciplina filosófica, que resulta integrada a las ciencias normativas (estética, ética y lógica); y los que hacen una interpretación posible pero no estricta: tratando de extraer de la fenomenología peirceana una posible teoría estética. Este segundo grupo tomó aquellos fragmentos que consideraron sugestivos en la obra de Peirce y buscaron la construcción de una estética semiótica que parecía evidente, pero en realidad es una suma sin coherencia de problemas mencionados por Peirce.

En este sentido, uno de los teóricos que hace una interpretación de alguna manera equivocada pero interesante de los postulados de Peirce, según Santaella, es Oliver Hocutt, quien, basado en tres premisas (1-el arte como ícono; 2-la belleza como Kalós -moral, nobleza, bondad- universal; 3-la significación de lo bello como interpretante emocional), sostiene que si el signo estético es un signo, su objeto solo puede ser la belleza y el efecto que ésta produce, el interpretante emocional. Hocutt usa los componentes triádicos peircianos (representamen, objeto, interpretante) de forma un tanto distorsionada para que entren en su modelo. Dice Santaella que aunque los equívocos son evidentes, la propuesta apunta para algunas cosas substanciales, como la importancia del papel desempeñado por el ícono en la constitución del signo estético, la apertura o ambigüedad del objeto de ese ícono y el énfasis puesto en la fenomenología como base para la estética. La autora pasa entonces a analizar las ideas de otros teóricos en esta dirección, cosa que veremos en las próximas publicaciones.

sábado, 30 de mayo de 2020

Más del signo en Peirce

Varias veces he citado al filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce (1859-1914), uno de los fundadores de la semiótica como disciplina. Para mí es importante en el mundo de la comunicación y del ciberespacio, porque muchos de sus planteamientos siguen vigentes y explican bien nuestros sistemas comunicativos. En sus trabajos recopilados como Collected Papers (publicados finalmente en un conjunto de ocho tomos en 1958), está el grueso de su obra y pensamiento.

Es siempre clave destacar su concepto de signo como un elemento tripartito, allí expresado; es algo que representa o sustituye a otra cosa, pero compuesto por tres niveles, que implican una Primeridad, una Segundidad y una Terceridad, cosa que ya he explicado en el blog (ver: http://ciberestetica.blogspot.com/2017/09/primeridad-segundidad-terceridad.html) y cuyas tres partes son el REPRESENTAMEN, el OBJETO y el INTERPRETANTE. Lo explica así:
"Un REPRESENTAMEN es el sujeto de una relación triádica con un segundo llamado su OBJETO, para un tercero llamado su INTERPRETANTE; esta relación triádica es tal que el representamen determina a su interpretante a establecer la misma relación triádica con el mismo objeto para algún interpretante".
El proceso de generación, compresión y utilización de los signos es lo que Peirce llama semiosis. Al final, todo signo es un elemento que se percibe (palabra, sonido, imagen), que representa algo (un cuerpo material, una idea, un sentimiento) y que equivale a un concepto (idea, noción, sensación) para alguien que lo recibe (ver también: http://ciberestetica.blogspot.com/2017/10/el-signo-para-peirce.html). Al final, para Peirce, un Signo es el representamen para el cual algún interpretante equivale a una cognición de algún cuerpo, hecho o pensamiento. 


miércoles, 26 de febrero de 2020

Más de las matemáticas y la semiótica

Los números son signos. Representan cantidades. Los símbolos de las operaciones, también son signos. Sustituyen relaciones entre distintos factores y elementos. Esta relación simbólica y funcional se conoce desde antiguo, y aunque muchas civilizaciones desconocían el uso de la numeración actual, sí usaban letras, marcas y signos para identificar las operaciones y relaciones matemáticas, geométricas y abstractas de la realidad. Ahora bien, uno de los más notables pensadores de la semiótica matemática (la relación entre números, signos y significados) fue el filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914), quien se autoproclamaba "lógico matemático".   

En los escritos matemáticos de Peirce se muestra la imagen de un matemático profesional activo. Estaba al tanto de los grandes problemas matemáticos de su época y de sus consecuencias filosóficas. Por esto, trabaja todo el cuerpo simbólico matemático (y algebráico) desde el campo semiótico: sus usos y sus significados. Escribió diversos textos educativos, que sólo se publicaron tras su muerte. Afirmó que "el arte del razonamiento es la esencia de la educación" y esperaba que "la comprensión sólida de la naturaleza del razonamiento matemático conduciría a grandes mejoras en la matemática". Una de sus propuestas es la "lógica de relativos", donde un relativo general puede considerarse como un agregado lógico de algunos de otros relativos individuales. Un relativo es en esencia, un conjunto de relaciones matemáticas. 

Como él lleva esto al campo de la lógica formal, utiliza sus clasificaciones sígnicas ("Cualisigno", "Sinsigno", "Legisigno" y denás), para explicar las relaciones matemáticas de sus postulados. Peirce incluso desarrolló una notación algebraica en la que se incluía un sistema icónico de signos lógicos, que le llevó a una compleja exploración que le hizo entrar en contacto con la topología y la teoría de grafos. Los aportes conceptuales más significativos de Peirce a la matemática se juntan en uno: la "lógica del continuo", que es continuación de la lógica de relativos; por otro lado, de las tres etapas que pueden distinguirse en la lógica de relativos (álgebra de la lógica, teoría de la cuantificación, y gráficos existenciales), por lo menos el último juega un papel fundamental en la lógica del continuo y en su pensamiento en general. 

Por lo tanto, el trabajo de Charles Peirce en al campo de la lógica matemática y su relación semiótica es profunda, porque va más allá de entender los signos numéricos como convenciones, para transformarlos en entidades significantes que cumplen funciones de conjunto, para lograr formas propositivas. Finalmente, los resultados matemáticos técnicos de Peirce tuvieron destinos imponderables durante el siglo XX. Algunos de ellos fueron incorporados a nuevas teorías matemáticas (por ejemplo, la llamada la Ley de Peirce y los fundamentos de la teoría de retículos), dejando así una influencia efectiva en el desarrollo de la lógica matemática y su comprensión.

domingo, 16 de febrero de 2020

Inducción, deducción, abducción

Las tres formas de inferencia, inducción, deducción, abducción, fueron delimitadas por el filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914), en la segunda mitad del siglo XIX. En realidad, éstas son el desarrollo de algunas ideas anteriores, en particular la deducción e inducción, que nos vienen de la antigüedad, pero Peirce, incorporando su pensamiento positivista y semiótico a sus definiciones, les da un diferente contenido. 

En la filosofía clásica, un razonamiento deductivo es un argumento donde la conclusión se infiere necesariamente de las premisas establecidas. Es decir, es un razonamiento "mediato", porque se efectúa siguiendo una serie de pasos lógicos. Se señalan ciertas afirmaciones o premisas, de las cuales se obtiene una inferencia. El ejemplo clásico:

Todas las camisas de este baúl son blancas.
Esta camisa proviene de este baúl.
Esta camisa es blanca.

Por otra parte, la lógica admite otra forma de razonamiento, el inductivo, según el cual la verdad de las premisas apoyan la conclusión, pero no la garantizan. En contraposición a la deducción, los razonamientos inductivos tienen la ventaja de ser ampliativos, es decir que la conclusión contiene más información de la que hay contenida en las premisas. La lógica inductiva estudia las maneras de medir la probabilidad de que una conclusión sea verdadera.
Un ejemplo típico de razonamiento inductivo es:

Estas camisas blancas provienen de este baúl.
Probablemente las camisas de ese baúl son blancas.

Como complemento a estos sistemas de inferencia, se plantea la abducción, que es una forma inmediata y aleatoria de razonamiento lógico. Según Peirce, el razonamiento abductivo parte de una hipótesis construida sobre la base de premisas inciertas, que exige que sea comprobada por medio de inducciones sucesivas y de controles deductivos. Es un tipo de razonamiento que a partir de la descripción de un hecho o fenómeno, ofrece o llega a una hipótesis, la cual explica las posibles razones o motivos del hecho mediante las premisas obtenidas. Un ejemplo basado en los dos anteriores:

Todas las camisas de este baúl son blancas.
Estas camisas son blancas.
Probablemente provienen de este baúl.

Peirce dice que toda inferencia -en sus tes tipos- constituye un proceso sígnico, aunque haya diferencias en su construcción semiótica. Esta construcción es una conjetura, y​ esa conjetura busca ser, a primera vista, la mejor explicación, o la más probable. Ciertamente la idea de abducción también puede rastrearse hasta Aristóteles, pero lo novedoso es que Peirce le da un enfoque semótico. Habla de que la abducción se produce en un momento más instintivo que racional, en el que hay un flujo de ideas, hasta que de pronto se ilumina la sugerencia. Según el mismo Peirce, es el primer paso del razonamiento científico, ya que desde el inicio se efectúa una restricción de hipótesis aplicables a un fenómeno.

En cierto modo, la abducción, precisamente por su imprecisión de partida, implica un modo de pensar no lineal, que puede identificarse, tal como lo hace Umberto Eco, con el razonamiento detectivesco. En conclusión, la abducción es un proceso perceptivo que da sentido a lo percibido, por lo que es, consecuentemente, un razonamiento ligado a la semiótica.  


jueves, 26 de octubre de 2017

El signo para Peirce

Es innegable la relevancia del filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce en el campo de la semiótica. De hecho es una de sus fundadores como disciplina de estudio de los signos. Lo he citado aquí en este blog ya varias veces. Escribió mucho, aportó ideas de todo tipo al campo de la filosofía y la epistemología, y desarrolló una concepción sobre la semiótica que aún hoy se estudia. Una de sus definiciones claves es la de signo, que le llevó años delimitar. Aquí una de 1909:
"Defino el signo como todo aquello que -sea una cosa existente o un hecho real (actual), o bien, como lo que llamamos 'palabra', una simple forma (form) posible a la cual un sonido audible, una configuración (shape) visible, u otro objeto sensible pueda conformarse, o bien una propiedad o un hábito de conducta de algo que se ha experimentado o se ha imaginado-, que es, por un lado, determinado (es decir afectado ya sea por una causa, ya por medio de una mente) por un objeto distinto de sí mismo y, por otro lado, afecta a su vez de la misma manera una mente, o es capaz de afectarla, de tal manera que este espíritu sea por ello mediatamente determinado también él por el mismo objeto". 
Charles Sanders Peirce (1939-1914) filósofo, ​científico lógico y semiótico estadounidense.



viernes, 15 de septiembre de 2017

Primeridad, Segundidad, Terceridad

En la publicación anterior me referí a la idea de faneroscopía, que es un método descriptivo que propone el filósofo estadounidense Charles Sanders Peirce para explicar su concepto de Fanerón, que dentro de su aproximación pragmatista a la compresión de lo real, es la presencia mental de lo percibible. Siendo un Fanerón fenómeno que se nos aparece en la mente al ser percibido, su comprensión pasa por el proceso de traducción por los signos. Este proceso implica tres categorías; así los fanerones se dan de tres maneras y un mismo objeto puede participar de las tres categorías: 

Primeridad: es el modo más amplio de Fanerón, el que entiende a las cosas en términos de sensaciones o cualidades generales. Por ejemplo: "lo verde". Esa especie de idea que podamos tener de ese color, pero sin asociarlo directamente a un verde concreto o a una construcción cultural concreta de lo que pueda simbolizar el color verde. A este tipo de Fanerón corresponden las "simples sensaciones de algo," a las que experimentamos pero aún no podemos catalogar de manera concreta. 

Segundidad: es el modo de lo que existe en el aquí y el ahora, lo que se percibe. Por ejemplo: "una luminaria verde". Cuando simplemente percibimos un objeto concreto, o una manifestación específica de algo, estamos en el ámbito de la Segundidad. "Ahí hay una luz verde, en un círculo que forma parte de un objeto con tres luces, que es un rectángulo de tales proporciones y con esas condiciones determinadas". 

Terceridad: es el modo de lo que es norma cultural, de lo que es ley. Por ejemplo: "una luz verde es símbolo de paso seguro", si forma parte de un semáforo. Cuando un Fanerón pertenece a esta categoría, quiere decir que lo experimentamos asociándolo con normativas culturales que lo marcan teniendo un significado y no otro. Para Peirce, la Terceridad es el ámbito de la ley cultural, del hábito, del lenguaje, de las convenciones. 

Estas clasificaciones forman parte de las propuestas triádicas de Peirce, que explican, en mucho, su concepción del mundo, y que sustentan su filosofía y su semiótica, que se estudian como parte importante de los procesos de comunicación.


jueves, 14 de septiembre de 2017

La faneroscopía

En otras publicaciones he hecho referencia al cuerpo filosófico del pensador estadounidense Charles Sanders Peirce, uno de los fundadores de la semiótica como ciencia, y nombré uno de sus muy interesantes conceptos, el de Fanerón -un neologismo, del griego Phaneros, "visible", y en inglés Phaneron-  (ver http://ciberestetica.blogspot.com/2012/07/faneron.html). El estudio de este fenómeno es la "faneroscopía". En unos de sus textos, La base del pragmatismo (de 1905), define Fanerón así:
Propongo emplear el término Fanerón como nombre propio para denotar el contenido total de cualquier consciencia (ya que cualquiera es sustancialmente alguna otra), la suma de todo lo que tenemos en la mente, de algún modo cualquiera sin tener en cuenta su valor cognitivo. Esto es bastante vago: lo dejo así intencionadamente. Sólo señalaré que no limito la referencia a un estado de consciencia instantáneo; puesto que la cláusula "de algún modo cualquiera" incluye la memoria y todo el conocimiento habitual. Probablemente el lector se preguntará por qué no me contenté con alguna expresión ya en uso. La razón es que la falta de cualquier asociación contigua con la nueva palabra la hará más aguda y clara que "una moneda usada".
Faneroscopía, por su lado, es el estudio de esos fanerones o fenómenos. Un fenómeno para Peirce es algo tal como aparece a la mente, es decir, algo en tanto existe como capturado/traducido por los signos. Es, visto de manera directa, una cosa significada/interpretada por/para el sujeto. Desde la perspectiva semiótica de Peirce, el mundo no se presenta ante nosotros a través de cosas, sino a través de fanerones. La descripción de estos incluye tres categorías, las conocidas primeridad, segundidad y terceridad, que veremos en la próxima publicación.


Charles Sanders Peirce (1839-1914)

martes, 25 de octubre de 2016

Relación tripartita en el signo según Peirce

Charles Sanders Peirce (1839-1914), filósofo estadounidense, uno de los pioneros de la idea de Semiótica, trabajó una definición tripartita muy particular del signo, para que éste sea una cosa que representa a otra para alguien:
"Un Representamen es el Primer Correlato de una relación triádica; el Segundo Correlato se llamará su Objeto, y el posible Tercer Correlato se llamará su Interpretante, por cuya relación triádica el posible interpretante es determinado para ser el Primer Correlato de la misma relación triádica con el mismo Objeto, y para algún posible Interpretante. Un Signo es el representamen del cual algún interpretante es una cognición de alguna mente. Los Signos son los únicos representámenes que han sido muy estudiados".
Tomado de sus Collected Papers.

lunes, 22 de abril de 2013

Signo, palabra y ser (1)

Uno de los elementos más interesantes en la semiología es el enfoque que se le da al signo en función de la comprensión de la realidad y su relación con el ser. La correlación entre lenguaje y mundo ya se analiza desde la civilización griega: Parménides decía que aquello que podemos nombrar es verdadero y Georgias pensaba que la palabra no transmite ideas sino sonidos, por lo que asignamos a esos sonidos un fragmento de la realidad que es imposible de comunicar ciertamente.  Pero el término "signo" proviene del latín signum, que significa "sensible" y también "visible".  

Pocos conceptos comunicacionales tienen tantas interpretaciones como éste. Según un punto de vista estructuralista y semiológico, signo es simplemente algo que está en lugar de otra cosa, por acuerdo o convención común. Un signo expresa algo conocido y permite que otros lo conozcan. esta relación produce la fórmula SIGNIFICADO----SIGNIFICANTE que constituye la base de la semiología, según Saussure. Los teóricos semióticos, por su parte, añaden un tercer elemento (la "tríada" de Peirce): Referente---Significado---Significante. Un signo entonces es un "ente" del que se infiere la presencia de otro "ente", sea este un objeto o un acontecimiento utilizado como referencia de otro objeto o acontecimiento. El signo así se pone en lugar de otra cosa y la representa. Claro, puede haber signos naturales (como los síntomas de una enfermedad, que permiten referir a la misma) y artificiales como las señales o las palabras.

No obstante no todos los teóricos que estudian el signo coinciden en esta definición, puesto que ella implica una ruptura entre la realidad y lo representado. En este caso se indica que no es el signo el que sustituye a la cosa, sino la cosa la que da sentido al signo, y que es el ser humano en su inteligencia quien nombra las cosas, no los signos a ellas. Según esta posición, relacionada con la metafísica y la perspectiva realista, el orden del proceso es "realidad--pensamiento--lenguaje" y no a la inversa. De la otra forma no es importante la realidad objetiva sino lo que digamos de ella. 

Durante el siglo XX se desarrollaron varias teorías al respecto, y en particular en la segunda mitad de éste, hubo diversas posiciones, que además en ciertos casos sumaban muchos factores de las distintas aproximaciones que sobre este tema se propusieron. Como veremos más adelante,   diferentes autores aportaron a esta discusión, que aún hoy no está cerrada a ningún enfoque.




domingo, 19 de agosto de 2012

Comunicación y semiótica (1)

Naturalmente de dos temas tan extensos y complejos como la comunicación y la semiótica solo podemos hacer aqui una muy breve referencia. Tanto como dejar una reflexión sobr este tema en relación con la estética y el digitalismo. La semiología y la semiótica si bien son parecidas en su objeto de estudio, el signo, no son exactamente iguales. Pequeñas diferencias de enfoque hacen que puedan entenderse como maneras distintas de abordar un mismo problema.

Ya en una publicación anterior se habló de semiología. La semiótica es la ciencia social que estudia los signos en su nivel general (tanto lingüísticos relacionados a la semántica y la escritura, como los signos humanos y de la naturaleza), y su operatividad colectiva. Se considera al matemático y filósofo estadounidense Charles Sanders Perice (1839-1914) como el padre de la semiótica. Desarrolló su pensamiento "pragmatista" en varios libros, y al final de su vida era considerado como un pensador cepital en la vida intelectual de los Estados Unidos. Sus propuestas en torno a la concepción y manejo del signo y su posterior influencia en los estudios del lenguaje son calves para entender una corriente de pensamiento findamental en la teoría de la comunicación: el funcionalismo.


Más alla del concepto de singo propuesto por Saussure, con dos componentes básicos, "significado" y "significante", Peirce porpone una concepción tripartita: el signo es una entidad compuesta por el significante (el soporte material), el significado (la imagen mental) y el referente (el objeto, ya sea imaginario o real, al que alude el signo). Según él las características más trascendentes del signo lingüístico son la arbitrariedad, la linealidad, la inmutabilidad y la mutabilidad.

Sin entrar en otras consideraciones, estas idea se aplican, obviamente, desde la lingüística a la comunicación. En efecto, muchos de los modelos que explican el proceso comunicacional, tienen que ver con los paradigmas semióticos peircianos. Eso veremos en la próxima publicación.

martes, 31 de julio de 2012

Fanerón

Este es un término interesante, acuñado por el filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce (1839-1914), padre de la semiótica y uno de los fundadores del pragmatismo (teoría basada en los efectos prácticos o acción). "Fanerón" (Phaneron en inglés), del griego phaneros, mostrar, se refiere a aquello que se nos presenta a nuestra mente, aquí y ahora, una suerte de fenómeno, trátese de algo real o no.

Dice Peirce: "Entiendo por fanerón la totalidad colectiva de todo aquello que de alguna manera o en algún sentido se presenta a la mente, con total prescindencia del hecho de que corresponda o no a algo real. Si se pregunta cuándo, o a qué mente, diré que dejo esas preguntas sin respuesta, ya que nunca abrigué una duda de que los rasgos del fanerón que hallé en mi mente están presentes permanentemente ante todas las mentes." En esencia es conjunto se relaciones que una sensación produce, como fenómeno. 

El estudio del fanerón se llama fanersocopía. Estos conceptos están ligados a la taxonomía y a la semiótica, siendo así un fenómeno semiótico. De alguna manera este análisis faneroscópico de puede aplicar a la estética digital, estudiando epistemológicamente sus significados, en relación a lo que podemos percibir y comprender de sus manifestaciones en cuanto a signos comunicacionales de todo tipo: arte, comunicación, acción.