viernes, 1 de mayo de 2026

Derrida y el "Logocentrismo" (1/2)

Ya en otras publicaciones anteriores me he refrido a las interesantes teorías del pensador francés nacido en Argelia, Jacques Derrida (1930-2004), entre las que destaca la gramatología y la deconstrucción, y una de sus propuestas más destacadas, la crítica al "logocentrismo". En su famoso libro de 1967, De la gramatología, Derrida lleva a cabo una deconstrucción sistemática de lo que él llama el logocentrismo de la tradición filosófica occidental. Para entender su posición sobre el lenguaje escrito y el hablado, hay que partir de esta crítica.

En principio, destaca lo que es el "Logocentrismo" y el privilegio de la voz. Derrida sostiene que, desde Platón y Aristóteles hasta Saussure y Lévi-Strauss, la filosofía y la lingüística han privilegiado el habla (la voz) sobre la escritura. A esto lo llama logocentrismo (del griego logos: palabra, razón, pensamiento). Así, el habla se considera natural, inmediata, presente. Cuando hablo, mi pensamiento (el logos) parece expresarse directamente, sin un intermediario artificial. El oyente tiene acceso casi transparente a mi "intención de significar". Hay una presencia casi mágica del sentido. La escritura, en cambio, es vista como un derivado, una técnica externa, un simple suplemento peligroso. Es una representación del habla (que ya es una representación del pensamiento). Es artificial, diferida, y puede operar sin la presencia del autor, prestando lugar a malentendidos.

De aquí parte su crítica al lingüista Ferdinand de Saussure respecto al "ethos" de la escritura. Derrida toma como blanco central de su análisis al famoso texto Curso de lingüística general, donde Saussure afirma que el objeto de estudio de la lingüística es la lengua oral. La escritura es solo una "representación" secundaria que oscurece el habla. Saussure llega a decir que la escritura tiene una "existencia fingida" y que su tiranía corrompe el lenguaje. Derrida señala que en este gesto hay una profunda contradicción.

Saussure define el signo lingüístico (significante/significado) por su diferencia y oposición con otros signos. Una palabra no tiene sentido por sí misma, sino por su diferencia con otras ("el lenguaje es una forma, no una sustancia"). Pero al privilegiar el habla, Saussure introduce un "ethos" (un valor, una creencia) no científico: la idea de que el significante acústico (el sonido) está más cerca del pensamiento (el significado) que el significante gráfico (la letra). Esta es una afirmación hipotética que no puede demostrarse. 

Aquí es donde entra la deconstrucción de Derrida. Si el lenguaje se basa en la diferencia, entonces no hay razón para privilegiar el habla. La escritura también es un sistema de diferencias puras. De hecho, la escritura ejemplifica mejor ese principio de diferencia que el habla, porque en ella la ausencia del emisor es evidente. Esta propuesta es revolucionaria y será fuente de diversos debates en el último tercio del siglo XX. En la próxima publicación veremos más del desarrollo de estas ideas y cómo se entienden en el siglo XXI.