Para cerrar esta aproximación a las ideas sobre arte y estética desarrolladas por R.G. Collingwood, hay que entender también como diferenciaba la percepción artística de la científica y lógica. Para Collingwood, el pensamiento lógico y científico pertenece al nivel del intelecto, el cual opera sobre conceptos abstractos y categorías. Hay que aceptar que la experiencia estética y el espectador tiene una relación sensorial. Para que la obra de arte exista plenamente, es necesario que el espectador, guiado por el objeto físico, recrea en su propia imaginación el proceso expresivo del artista. Así, el espectador no recibe pasivamente un mensaje, sino que es un participante activo que colabora en la concreción de la experiencia artística .
En la experiencia estética, la cuestión de la realidad o irrealidad del objeto representado pierde importancia. El arte no afirma que algo sea real o ficticio, sino que nos sitúa en un plano donde esta distinción queda suspendida, permitiendo una relación más libre y profunda con la experiencia. El Arte y la imaginación no clasifican. El artista no ve "una instancia de refracción", sino un sentimiento único e irrepetible. La imaginación acepta la experiencia en su totalidad sin intentar etiquetarla. En cambio, la ciencia sí clasifica y generaliza. Si un científico observa una puesta de sol, la descompone en longitudes de onda, refracción atmosférica y partículas. Al hacer esto, la "experiencia total" desaparece para ser sustituida por datos.
La distinción más nítida que destaca en su obra Los principios del arte es la relación sujeto objeto. La observación científica requiere una distancia crítica. El observador se separa del objeto para analizarlo objetivamente. El científico busca leyes que sean verdad independientemente de lo que él sienta. En cambio, la experiencia total estética es una participación. No hay distancia. El espectador "se convierte" en la obra. Si se analiza lógicamente la estructura de un poema mientras se lee, se deja de experimentar el poema como arte y se empieza a experimentarlo como un objeto de estudio gramatical.
Collingwood plantea que el arte tiene su propio tipo de "verdad", pero es muy distinta a la de la lógica. El pensamiento lógico busca la verdad mediante la mediación (argumentos, pruebas, silogismos). Es un proceso de "paso a paso". En tanto la experiencia imaginativa es una verdad inmediata. No se necesita demostrar que una sinfonía es triste; la tristeza es parte de la experiencia misma. Es una conciencia directa de la emoción aclarada.
Cerramos con una de las conclusiones más interesantes: Collingwood advierte que uno de los grandes errores modernos es intentar tratar al arte como si fuera ciencia. Cuando intentamos explicar un cuadro mediante teorías sociológicas o psicológicas antes de haber tenido la experiencia imaginativa total, estamos matando el arte. Para él, primero debemos "sentir" imaginativamente; el análisis intelectual solo debería venir después, como una reflexión sobre lo que ya hemos vivido.

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