La economía circular es un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta forma, el ciclo de vida de los productos se extiende. En la práctica, implica reducir los residuos al mínimo. Cuando un producto llega al final de su vida, sus materiales se mantienen dentro de la economía siempre que sea posible gracias al reciclaje. Estos pueden ser productivamente utilizados una y otra vez, creando así un valor adicional. Contrasta con el modelo económico lineal tradicional, basado principalmente en el concepto “usar y tirar”, que requiere de grandes cantidades de materiales y energía baratos y de fácil acceso.
Se puede establecer entonces una muy interesante relación entre la economía circular y la gobernanza digital, que puede ser profunda y, de hecho, una es el habilitador fundamental de la otra a gran escala. La gobernanza digital proporciona las herramientas para hacer que un sistema circular sea transparente, eficiente, medible y escalable. Aquí funcionan varios ejes fundamentales.
El primero que se puede destacar es de la trazabilidad y transparencia, también entendido como el "Pasaporte Digital". El mayor problema del reciclaje tradicional es la pérdida de información sobre los materiales. Una vez que un residuo entra en la cadena, es difícil saber qué es, de dónde viene y a dónde va. La gobernanza digital, mediante tecnologías como blockchain, Internet de las Cosas (IoT) y big data, permite crear un "Pasaporte Digital de Producto". Un buen ejemploes el de los celulares. Un teléfono móvil al final de su vida útil tiene un registro digital inmutable que detalla los materiales valiosos que contiene (oro, litio, cobre) y las sustancias peligrosas. Esto permite a las plantas de reciclaje procesarlo de forma óptima y segura, y a los gobiernos auditar que esos materiales no terminen en un vertedero ilegal.
Un segundo eje tiene que ver con la incentivación y la participación ciudadana, incluyendo gamificación y recompensas. Para que el reciclaje funcione, la ciudadanía debe participar activamente. La gobernanza digital permite conectar la acción física de reciclar con un sistema de valor digital. Plataformas digitales gubernamentales o concesionadas pueden gestionar sistemas de incentivos. Otro ejemplo a revisar son los sistemas de devolución y recompensa inteligentes. Un ciudadano lleva una botella de plástico a un contenedor inteligente que la identifica y, a través de una app vinculada a su identidad digital, le devuelve una pequeña cantidad de dinero o un bono para el transporte público. La gobernanza digital asegura que el incentivo se otorga de forma correcta y transparente, y que los fondos públicos destinados a ello se gestionan sin corrupción.
Pero hay también otras formas de enfocar esta metódica, que permiten el aprovechamiento y el reuso de muchos objetos y materiales. Este modelo se diferencia un poco al de los mecanismos tradicionales de reciclaje, porque incorpora una nueva visión de conciencia colectiva, en la que los gobeirnos se involucran directamente. En la siguiente publicación veremos otras maneras que se presentan para lograr esta economía circular.

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