Ya en varias publicaciones anteriores, algunas bastante recientes, he abordado este tema, pero dado que tiene cada vez más relevancia lo sigo tratando. La gobernanza digital sobre las imágenes sintetizadas por inteligencia artificial ha cobrado un nuevo aspecto, porque hace unos pocos días se hicieron públicas estadísticas que muestran el cada vez más indiscriminado uso de imágenes falsas y deepfakes en el campo de la comunicación, lo cual amenaza la credibilidad de todo mensaje visual.
Con anterioridad he señalado que la gobernanza digital de las imágenes sintéticas generadas por IA se refiere al conjunto de principios, políticas, normas técnicas y marcos legales que buscan regular el ciclo de vida de estas imágenes (creación, distribución, detección y uso) para maximizar sus beneficios y mitigar riesgos.
Los principales desafíos que la gobernanza busca abordar incluyen, justamente, la desinformación y deepfakes, las imágenes hiperrealistas de eventos que nunca ocurrieron o personas diciendo o haciendo cosas falsas, con potencial para manipular elecciones, generar pánico financiero o dañar reputaciones. Esto es fraude y suplantación de identidad con el uso en estafas de verificación biométrica, creación de perfiles falsos creíbles o ingeniería social. Ello incluye problemas con la privacidad y la honorabilidad. La generación de desnudos no consentidos (deepnudes) o imágenes de personas en situaciones comprometedoras sin su permiso, es tremendamente perjudicial.
Otro reto es la vulneración de derechos de autor y propiedad intelectual. Modelos de IA entrenados con millones de imágenes extraídas de internet sin consentimiento ni compensación a los autores originales, violentan todos los derechos y registros.
Un aspecto que ya he nombrado, que se aplica a los programas de conversación con IA pero que ahora se ha notado mucho en los programas de creación de imágenes, es el tema de los sesgos y la discriminación. Los modelos pueden perpetuar o amplificar estereotipos dañinos (raciales, de género, etc.) en las imágenes generadas.
Como vemos, hay mucho que enfrentar, discutir y establecer, siempre con el riesgo de pasar de una regulación a un control y de este a una censura. En próximas publicaciones seguiré abordando este tópico que es de total actualidad y globalidad.















