En la anterior publicación hice referencia a la idea del pensamiento complejo que propuso el recientemente fallecido filósofo francés Edgar Morin (1921-2026), que aquí desgloso ahora de forma sucinta. Para entenderlo de forma sencilla, Morin propone tres principios fundamentales que sirven como herramientas para analizar cualquier sistema u organización:
Principio Dialógico: a diferencia de la lógica clásica (donde dos cosas opuestas se excluyen), este principio une dos nociones que deberían excluirse pero que se necesitan mutuamente. Por ejemplo, en una organización coexisten el orden y el caos (o desorden). El desorden puede generar innovación, y el orden da estabilidad; ambos son necesarios para que el sistema evolucione. Ejemplo: el orden y el desorden. En un sistema complejo, el desorden puede generar nuevo orden (ej: la evolución biológica), y el orden puede generar desorden (ej: una dictadura que colapsa). No se elimina una lógica en favor de la otra; se las mantiene en diálogo productivo.
Principio de Recursividad Organizacional: acá rompe con la idea lineal de causa y efecto. Aquí, los productos y los efectos son al mismo tiempo causas y productores de aquello que los produce. Por ejemplo, los individuos producen la sociedad a través de sus interacciones, pero la sociedad, a su vez, produce a los individuos al transmitirles su cultura y lenguaje. Es un bucle continuo. Ejemplo: los seres humanos generamos la sociedad a través de nuestras interacciones, pero esa sociedad, a su vez, nos produce a nosotros como individuos (lenguaje, cultura, valores). Somos productos y productores a la vez.
Principio Hologramático: Se inspira en los hologramas, donde cada punto contiene la información del objeto completo. En los sistemas complejos, la parte está en el todo, pero el todo también está inscrito en la parte. No puedes entender a un individuo sin entender su entorno, ni puedes entender el entorno sin analizar a los individuos que lo componen. Ejemplo: en un holograma físico, cada punto contiene la información del todo. Aplicado al conocimiento: para entender una célula, necesitas entender el organismo (el todo), pero para entender el organismo, necesitas entender la célula (la parte). El individuo contiene a la sociedad (lengua, cultura), y la sociedad contiene a los individuos que la conforman.
¿Contra qué se opone el Pensamiento Complejo? Se opone a tres formas de "pensamiento simplificador": el reduccionismo, explicar un fenómeno complejo solo por sus partes más simples (por ejemplo, querer entender una sociedad solo por sus individuos, o la mente solo por las neuronas); la disyunción (o pensamiento disyuntivo), o sea, separar lo que está unido, crear compartimentos estancos (por ejemplo, separar ciencias naturales de ciencias humanas, o economía de ecología); la abstracción formalizadora, esto es reducir la realidad a modelos matemáticos o lógicos puros que ignoran el ruido, la incertidumbre y el contexto concreto.
Dice Morin: "El pensamiento complejo no rechaza la claridad, la ordenación, ni el determinismo. Pero los ve como insuficientes, sabe que no podemos programar el futuro, solo podemos preparar estrategias". Entonces "Pensamiento Complejo" es la capacidad de tejer conjuntamente (del latín complexus, "lo que está tejido junto") aquello que el pensamiento simplificador disgrega. Es un pensamiento que acepta la incertidumbre, integra el desorden, respeta la diversidad, conecta los saberes y reconoce la retroacción y recursividad en los fenómenos. Su objetivo no es alcanzar la verdad absoluta, sino navegar con lucidez en un mundo inseguro, multidimensional y contradictorio.
En la práctica, este enfoque propone abandonar los compartimentos estancos y a adoptar una mirada transdisciplinaria. Es especialmente útil al analizar sistemas humanos, instituciones o dinámicas culturales, donde la incertidumbre y la conectividad constante hacen imposible predecir resultados usando fórmulas simplistas.



















