En la entrada anterior hablé de la trasncomplejidad. Un elemento que surje de este pensamiento es la ética transcompleja. Esta no es un código moral cerrado ni un conjunto de reglas fijas, sino se trata, más bien, de una postura ética que emerge de esa misma transcomplejidad, que como vimos, es una corriente de pensamiento de origen latinoamericano que propone integrar saberes, disciplinas y visiones del mundo que tradicionalmente se mantienen separadas.
La ética transcompleja es la dimensión axiológica (de valores) de este paradigma. No se enfoca en decir "qué está bien o mal" de forma absoluta, sino en cómo actuar y decidir en contextos de complejidad, incertidumbre y pluralidad. Podemos señalar algunos rasgos principales. Por ejemplo, la responsabilidad y la reflexividad profunda. Se exige que el investigador o profesional abandone la pretensión de neutralidad absoluta y asuma una posición reflexiva y responsable sobre sus decisiones, interpretaciones y vínculos con los demás.
Se asume también una ética del diálogo y la diversidad. Aquí se considera la diversidad (cultural, de saberes, de perspectivas) como un valor fundamental. La ética se construye en el diálogo, reconociendo que cada visión del mundo aporta una pieza importante.
Por otra parte, se asume igualmente un compromiso con la transformación y la justicia. El conocimiento no es un fin en sí mismo, sino que debe estar éticamente comprometido con la transformación contextualizada de las realidades y la búsqueda de justicia social.
Finalmente propone la humanización de la tecnología. Frente a la irrupción de la inteligencia artificial, la ética transcompleja actúa como un filtro que integra el trípode hombre-tecnología-moral, buscando humanizar el abrazo de la tecnología y promoviendo una conciencia ética que guíe las decisiones en situaciones de incertidumbre.
Pues bien, la ética transcompleja es una ética de la integración, la responsabilidad y la reflexividad en un mundo que no admite respuestas únicas ni simples. Se presenta como un enfoque que actúa fuera del fundamentalismo moral, buscando actuar en equipo, integrar métodos, incluir distintos modos de pensar y concurrir disciplinas. Esta visión no solo busca avances científicos, sino que también considera la realidad en movimiento y trasciende lo físico, lo espiritual y lo temporal. La ética transcompleja debe ser más que una serie de imposiciones, sino una guía y un parámetro para desarrollar avances científicos que tomen en cuenta el presente, no el futuro, ni el pasado.
















