Este es un texto que resume algunas de las ideas propuestas por la filósofa española Adela Cortina, nacida en 1947, en su libro de 2024, ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? El eclipse de la razón comunicativa en una sociedad tecnologizada, en el que aborda de manera crítica las promesas, riesgos y discursos ideológicos que rodean la IA, destacando su impacto en la democracia y la razón comunicativa. Está tomado de Bloghemia: https://bloghemia.com/2026/09/etica-o-ideologia-de-la-inteligencia-artificial.html.
La inteligencia artificial (IA) nació en el pasado siglo, cargada de amenazas y también de promesas. Tanto los temerosos frente a las amenazas como los entusiastas de las promesas reclamaron dotar a la IA de una ética.
El monstruo de Frankenstein inspiraba esa frankenfobia que exigió una ética para las máquinas, capaz de defender a los seres humanos frente a sus posibles perjuicios, pero sobre todo capaz también de extraer los grandes beneficios que pueden aportar los sistemas inteligentes cuando se toman como instrumentos al servicio de los seres humanos y de una sostenibilidad justa de la naturaleza.
En el extremo contrario, los entusiastas de la revolución 4.0 aseguraron que la IA ayudaría a resolver los problemas de la vida cotidiana, introduciendo la magia de los algoritmos para tomar decisiones en todos los ámbitos de la vida social, incluso dejando esas decisiones en sus manos, sustituyendo los débiles cerebros humanos por la fuerza de la computación o la conectividad.
Y, yendo aún más allá, un buen número de tecnocientíficos aseguraron que acabaremos con la enfermedad, la vejez y la muerte. Que, incorporando valores morales a las máquinas, como el amor, la compasión y la solidaridad, crearemos una nueva especie superior a la humana conocida. Un mundo de paz y felicidad, que pondrá fin al reinado del Homo sapiens, a la época del Antropoceno, marcada por las guerras y la depredación de la naturaleza.
Tras este planteamiento, la autora se pregunta: "¿Esta segunda opción merece el nombre de «ética» o el de «ideología»? ¿No se está calificando como ciencia lo que no lo es para atraer suculentas inversiones, conformar las mentalidades e incluso ganar en la competencia por el poder mundial?". Y entonce afirma: "el primer deber de una ética de la ciencia es no engañar". Vemos que es un planteamiento bien complejo, difícil de resolver en este mundo de hoy, pero que sin duda debe abordarse sin perder de vista las realidades contemporáneas.

















