Ya en este blog he citado varias veces al filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, fallecido el día de ayer en París, a sus 104 años. Es autor o co-autor de más de 50 libros sobre temas variados, que van desde la política hasta la cibernética, dejando un legado extraordinario en el pensamiento complejo. De hecho, se puede revisar aquí en mi blog, con la etiqueta de Edgar Morin, muchas de las ideas y referencias que de él he tomado.
Hoy vuelvo a resumir, brevemente, una idea fundamental en su filosofía: el pensamiento complejo. Es este un enfoque conceptual propuesto hace más de cincueta años y que nace como una crítica al método científico tradicional (que Morin llama "pensamiento simplificador"), el cual tiende a dividir el conocimiento en disciplinas hiperespecializadas, aislando los problemas de sus contextos.
Para Morin, la realidad no es lineal ni fragmentada. Vivimos en un mundo donde todo está interconectado, es cambiante y está lleno de incertidumbres. Por lo tanto, el pensamiento complejo no es un pensamiento que lo sabe todo, sino una estrategia para articular y tejer juntos los diferentes hilos de la realidad (de hecho, complejus significa originalmente "lo que está tejido junto").
En otras palabras, el pensamiento complejo es una postura epistemológica y metodológica que se opone al pensamiento simplificador (cartesiano, reduccionista, disyuntivo) que ha dominado la ciencia moderna. No se trata de una teoría cerrada, sino de una estrategia de pensamiento para abordar la multidimensionalidad, la incertidumbre y la interconexión de los fenómenos del mundo real. En la próxima publicación desarrollaré algunas de sus interesantes variantes en esta dirección.



















