viernes, 16 de enero de 2026

Las formas simbólicas y su estética según Cassirer

Ernst Cassirer, (1874-1954), filósofo y sociólogo sueco de origen prusiano que ya he citado aquí, define la estética dentro de su marco de las formas simbólicas como la energía espiritual que vincula un contenido de significado ideal a un signo sensual concreto, configurando así la experiencia artística como una síntesis entre lo sensible y lo espiritual. En su obra Filosofía de las formas simbólicas (1923-29), concibe las formas simbólicas (el mito, el lenguaje, la ciencia y el arte) como modos autónomos en que el espíritu humano da forma al mundo mediante la simbolización, transformando impresiones sensoriales en significados universales. El arte, en particular, representa una forma simbólica donde la percepción adquiere expresión plástica, revelando el mundo no como mera copia objetiva, sino como una "síntesis de mundo y espíritu". 

Siendo así, la estética de las formas simbólicas implica una "concisión simbólica" en el acto perceptivo: la delimitación y fijación de contenidos sensuales genera contrastes y formas que, al simbolizarse, portan un significado espiritual general. Para Cassirer, el arte no es mera representación mimética, sino una actividad configuradora donde lo individual sensible (como colores o líneas) se eleva a lo universal, irreductible a otras formas como la ciencia. Esta visión extiende el formalismo kantiano hacia una antropología cultural del espíritu. 

Él relaciona la estética con la función simbólica al concebir el arte como una forma simbólica específica, donde un contenido espiritual se vincula a un signo sensual concreto mediante una "energía del espíritu". Esta función transforma percepciones sensoriales en significados universales, configurando la experiencia estética como una síntesis única entre lo material y lo ideal. La función simbólica es la capacidad humana de crear símbolos que unen lo sensible con lo espiritual, generando formas culturales autónomas como el mito, el lenguaje o la ciencia. En la estética, opera mediante la "concisión simbólica": la percepción delimita formas sensoriales (colores, líneas) que adquieren significado espiritual general, más allá de la mera imitación.

En otras palabras, Cassirer ve el arte no como mimesis pasiva, sino como una revelación activa del mundo, donde la forma simbólica estética produce un "universo de discurso independiente". Comparte con otras funciones simbólicas la creación de síntesis mundo-espíritu, pero se distingue por su énfasis en la expresión plástica y la configuración propia, elevando lo individual a lo universal.

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