jueves, 22 de enero de 2026

Como las TIC han transformado las relaciones interpersonales en la Sociedad del Conocimiento (y II)

Como vimos en la publicación anterior, las Tecnologías de la Información y la Comunicación han transformado las relaciones interpersonales en esta llamada Sociedad del Conocimiento. Entre otras cosas se ha producido una reconfiguración de las relaciones débiles y fuertes. Aquí nos cruzamos con la Teoría de los lazos débiles (Granovetter): las TIC potencian enormemente el mantenimiento de "lazos débiles" (contactos, conocidos, excompañeros). Esto es crucial en la Sociedad del Conocimiento para oportunidades laborales, innovación y acceso a información diversa. Pero como contrapartida, el riesgo es que la energía dedicada a gestionar cientos de lazos débiles en redes sociales puede debilitar el tiempo y la profundidad invertidos en los lazos fuertes (familia, amigos íntimos), que son los que proporcionan soporte emocional verdadero.

También las TICs generan filtros burbuja y polarización en las relaciones. Los algoritmos nos muestran contenido (y a personas) que confirman nuestras ideas. Esto puede crear cámaras de eco en nuestros círculos digitales, homogenizando el pensamiento. Como consecuencia, se polarizan las discusiones. La falta de contexto físico y la sensación de anonimato relativo puede fomentar la hostilidad online ("falta de freno social"), dañando relaciones y dificultando el diálogo constructivo.

Tenemos entonces nuevas formas de inicio y gestión de relaciones. Desde amistades hasta parejas, el inicio sucede cada vez más en espacios digitales (apps de citas, comunidades online, juegos multijugador). Las relaciones se "gestionan" en grupos de WhatsApp, calendarios compartidos, álbumes de fotos en la nube. Esto organiza, pero también puede burocratizar la espontaneidad del vínculo.

Finalmente esto lleva al gran cambio de paradigma en la Sociedad del Conocimiento. Ciertamente, la Sociedad del Conocimiento valora el acceso a la información y las redes. En este contexto, las relaciones se convierten en "redes neuronales" sociales para procesar información y generar conocimiento colectivo (ej.: un grupo de Telegram de profesionales, un servidor de Discord para un proyecto). El valor de una conexión a veces se mide por su utilidad informativa o profesional (¿qué puede aportar esta persona a mi red?), además de (o en lugar de) su valor afectivo. Esto puede instrumentalizar las relaciones.

Como conclusión podemos afirmar que hay una renegociación constante de la proximidad. Las TIC no han destruido las relaciones interpersonales, sino que las han complejizado y multilocalizado. Vivimos en un entorno híbrido donde lo online y lo offline se entrelazan. No obstante, el desafío central hoy es la "higiene relacional digital", esto es, saber cuándo desconectar para cultivar la presencia física y la atención plena en quienes tenemos cerca. Igualmente aprender a trasladar la conexión digital a la profundidad analógica (de un meme a una llamada, de un like a una visita); y desarrollar alfabetización digital crítica para entender los sesgos algorítmicos y evitar que nuestras relaciones sean moldeadas por las lógicas de las plataformas.

En esencia, las TIC han dado un mecanismo de ampliación y una agenda infinita a nuestras relaciones sociales. La pregunta crucial ya no es si estamos conectados, sino cómo, con qué calidad, y en qué equilibrio entre el vasto mundo digital y el mundo tangible inmediato. La habilidad para navegar esta dualidad define la calidad de nuestras relaciones en el siglo XXI.

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