domingo, 25 de enero de 2026

Ideas sobre la belleza por Kitaro Nishida (1/2)

Kitaro Nishida (1870-1945) fue un reconocido filósofo japonés que vivió intelectualmente entre Oriente y Occidente, entre la filosofía y la religión, entre el budismo zen y el cristianismo. Se le considera el fundador de la Escuela de Kioto y uno de los pensadores más importantes de Japón. Sus ideas abarcaron varios campos del conocimiento, pero especial mención cabe hacer sobre su aproximación a la belleza y la estética. 

La estética de Nishida no es un sistema separado, sino una parte integral de su filosofía radical, centrada en el concepto de "lugar de la nada" (basho no mu) y la identidad propia de los contradictorios (mujunteki jikodōitsu). Su visión de la belleza es profunda y distintivamente oriental, aunque dialoga con el pensamiento occidental (como el de Kant, Schopenhauer o los místicos cristianos). Para él, la verdadera belleza no es una mera apariencia agradable, sino la manifestación directa de la realidad última. Esta realidad es una unidad dinámica y contradictoria, donde sujeto y objeto, interior y exterior, no están separados. La obra de arte genuina surge cuando el artista, en un estado de "no-ego" (muga), deja que esta realidad se exprese a través de sí mismo, sin la interferencia del yo consciente y discursivo.

Un elemento importante es el que llama "ver sin ver, oír sin oír" (Miru ni shite mizu, kiku ni shite kikazu). Esta curiosa frase encapsula su idea clave. La verdadera experiencia estética no es una observación distante de un objeto por parte de un sujeto. Es una participación intuitiva y total en la cosa misma, donde la distinción entre quien percibe y lo percibido desaparece. Es un "ver" que va más allá de la visión sensorial ordinaria, un conocimiento directo y no conceptual.

Por otra parte, afirma que la belleza surge de la tensión y unidad de opuestos, como por ejemplo forma y vacío (y mu). La forma concreta (un paisaje, una pincelada) revela la "nada" o fondo infinito que la sustenta. El vacío (mu) no es la ausencia, sino la plenitud potencial de la que emerge todo. Una pintura de paisaje zen, con sus vastos espacios en blanco, es un ejemplo perfecto. Esto se combina con lo particular y universal: el objeto bello singular (una flor, un instante) manifiesta la totalidad del mundo, el "lugar" absoluto (basho) que lo contiene. Esto implica una belleza como "Auto-identidad de los contradictorios", que lleva a la creación y al descubrimiento. El artista no "impone" una forma, sino que "descubre" la forma que ya latía en la realidad y la deja emerger.

Kitaro Nishida además combina propuestas del pensamiento oriental con la de occidente, generando una combinación fascinante, pues crea una visión muy particular de las concepciones filosóficas tradicionales. En la siguiente publicación trataremos sobre este tema y los aportes finales de sus originales ideas.

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