sábado, 7 de marzo de 2026

La ideas del arte de R. G. Collingwood aplicadas a la estética sintética actual (1/2)

Hace una pocas publicaciones atrás, comenté sobre las ideas de arte y de estética de Robin George Collingwood (1889-1943), filósofo, crítico y arqueólogo británico, autor del interesante libro Los principios del arte (1938). Esas propuestas pueden ser aplicadas ahora a la "estética sintética" (que podemos entender como el arte generado por inteligencia artificial, el arte digital interactivo o las obras creadas mediante procesos algorítmicos) de manera oblicua, ya que la filosofía de Collingwood parece, en principio, diametralmente opuesta a la mecánica de las máquinas y no obstante, su enfoque en la expresión, la imaginación y el proceso nos ofrece una lente muy útil para analizar estos nuevos fenómenos.

Tenemos varias vías por las cuales la idea del arte de Collingwood se puede aplicar al debate sobre la estética sintética actual. Una es la del problema de la "expresión" en la máquina. Para Collingwood, el arte es la expresión de una emoción en la mente del artista, un proceso de clarificación. La pregunta central para la IA es ¿puede una máquina tener emociones que necesite clarificar? Desde una perspectiva Collingwoodiana estricta, lo que produce una IA no sería "arte propio", sino un producto de artesanía. El prompt inicial sería el "plan" y el algoritmo sería el "medio" para lograr un "fin" (la imagen). La máquina no experimenta un viaje emocional ni clarifica su propio estado mental. Sin embargo, podríamos considerar al artista humano que utiliza la IA. En este caso, la IA no es el artista, sino una herramienta dentro del proceso expresivo humano. El humano tiene una emoción difusa o una idea estética que busca clarificar. Al iterar con prompts, ajustar parámetros y seleccionar resultados, está utilizando el algoritmo como un medio para explorar y dar forma a su propia imaginación, externalizando el proceso de "tanteo" (la prueba y error mental que describe Collingwood).

Otra forma es revisar la distinción entre arte y artesanía, viendo el caso del prompt. Collingwood insistía en que el arte no es artesanía porque en la artesanía se sabe de antemano cuál es el fin. En el prompt engineering actual, a menudo se sabe el "estilo" que se quiere imitar (por ejemplo, "un perro en estilo Van Gogh"). Gran parte del arte generativo actual podría ser clasificado por Collingwood como artesanía o entretenimiento, no como arte. Es la producción eficiente de un objeto (la imagen digital) siguiendo una receta predecible (el prompt bien construido) para lograr un fin específico (una imagen bonita o impactante). Pero aún así, esta difrerenciación no parece ser definitva.

En tercer lugar se puede analizar la obra de arte como experiencia imaginaria no física.  Collingwood sostenía que la verdadera obra de arte no es el objeto físico, sino la experiencia imaginativa total que ocurre en la mente. Esta idea es extremadamente potente para la estética sintética. En el arte digital y generativo, la "obra" no es el archivo JPEG final ni el código. La obra es la experiencia estética que ocurre en la mente del espectador (y del creador) al interactuar con ella. En una obra de arte interactivo, la experiencia no es estática; cambia con cada interacción. En una obra generativa, la "obra" es el sistema o el algoritmo mismo, y las imágenes que produce son meras actualizaciones físicas (píxeles) de ese potencial imaginario. La "experiencia imaginativa total" incluye aquí la comprensión del proceso, el azar programado y las reglas que rigen el sistema, más allá de la imagen puntual que se ve en la pantalla.

Como primera conclusión, tenemos la excepción artística. El verdadero arte sintético, bajo esta óptica, ocurre cuando el humano no sabe lo que busca. Cuando el proceso de interacción con la IA se convierte en un diálogo exploratorio y el humano propone, la IA genera algo inesperado, y esa "ocurrencia" de la máquina provoca una nueva emoción o idea en el humano, que modifica su rumbo. Aquí, la colaboración humano-máquina se acerca al proceso de "clarificación" Collingwoodiano, aunque la emoción sigue siendo del humano. En la siguiente publicación veremos otras formas de aplicación de estas teorías de R. G. Collingwood a la estética digital contemporánea.

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