En principio, una "Acción Comunicativa" según el filósofo alemán Jürgen Habermas, es una interacción en la que los sujetos capaces de manejar lenguajes y accionarlos, entablan una relación con formas verbales y no verbales, que permiten negociaciones, entendimientos y conclusiones. El concepto central, entonces, se refiere a la interpretación que permite generar situaciones susceptibles de consenso. Así, los significados se establecen con argumentos.
Dentro de este ámbito, Habermas destaca la idea de racionalidad, que permite el análisis de la sociedad en dos formas, la razón de la vida y la razón del sistema. Por otro lado, para que la Acción Comunicativa se produzca en esa sociedad, sea cual sea su racionalidad, deben darse cuatro condiciones. estos supuestos no pueden dejar de suceder, si se quiere alcanzar un consenso comunicacional, bien sea desde lo individual o lo colectivo. Estos son:
Inteligibilidad para lo que se dice. La comunicación resulta imposible si lo que se dice es incomprensible para los demás. Ello implica apego a las convenciones.
Verdad para aquello que se dice. Para el contenido de lo que se dice en relación con lo objetivo (si digo “esta mesa es marrón”, debe ser marrón) o para las condiciones de existencia de lo que se dice (si digo: “cierra la ventana”, se presupone que la ventana estaba abierta). En todo caso se refiere a la verdad verificable, no a la ontológica.
Rectitud para su acto de habla en relación con un contexto normativo. Esto significa que todo hablante se atiene a un conjunto de normas aceptadas por todos. Si dice “usted se calla” es porque debe estar autorizado a decirlo. Caso contrario, no se produce la acción.
Veracidad para su formulación como expresión de su pensamiento. Lo que dice debe ser lo que cree o piensa; si miente, la comunicación se rompe. Responde a principios del sistema social.
Estos cuatro supuestos son los que forman la base de validez de los lenguajes. Para Habermas, el uso primario del lenguaje sería el orientar su empleo al entendimiento, por lo tanto tiene implicaciones sociales, culturales y hasta políticas de todo tipo. Indudablemente la comunicación comprende acciones que conforman (y han conformado) la sociedad y la cultura, desde el principio de sus manifestaciones. De aquí partirá su Teoría Crítica, aplicada a la modernidad, sobre la base de toda esa argumentación histórica.
Discusión y argumentación acerca de la definición y pertinencia del concepto de Estética Digital y sus implicaciones en la comunicación, arte y cultura.
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jueves, 27 de octubre de 2016
miércoles, 26 de octubre de 2016
Acción Comunicativa por Habermas
El concepto de "acción comunicativa" es una de las bases que desarrolló el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, partícipe de la llamada Escuela de Frankfurt, para sustentar su Teoría Crítica de la modernidad. En general, Habermas (nacido en 1929), observa cómo la interacción social histórica del ser humano pasa de estar basada en ritos y en lo sagrado, a la influencia del signo lingüístico, pero con la fuerza racional de las verdades asumidas, sometidas a crítica.
Partiendo de la idea de que no hay actividad intelectual sin lenguaje previo, concluye que debe haber términos universales del habla: aquellos supuestos que ha de considerar cualquier hablante antes de emitir palabra, porque son “mandatos” del lenguaje. Estos supuestos son ciertos en cualquier lengua, por tanto universales. Ello implica que la comunicación y la estructura de la lengua conllevan a una acción, entendida esta como la concreción de acuerdos y resultados. Las estructuras de acción comunicativa, orientadas a esos acuerdos, se vuelven cada vez más efectivas cuando se basan en la reproducción cultural como en la interacción social, o en la formación de la personalidad, en lo individual.
La Acción Comunicativa como concepto, entonces, implica para Habermas cuatro supuestos: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad. Estos, según Habermas, forman la base de validez del habla. El uso primario del lenguaje sería el orientar su empleo al entendimiento. El lenguaje sirve para ayudarnos a comunicarnos, y para poder comunicarnos son precisos esos cuatro supuestos; y el lenguaje nos “obliga” a cumplirlos. En la próxima publicación, cómo se describen estos cuatro supuestos, y cómo se relacionan con el lenguaje y la comunicación social.
Partiendo de la idea de que no hay actividad intelectual sin lenguaje previo, concluye que debe haber términos universales del habla: aquellos supuestos que ha de considerar cualquier hablante antes de emitir palabra, porque son “mandatos” del lenguaje. Estos supuestos son ciertos en cualquier lengua, por tanto universales. Ello implica que la comunicación y la estructura de la lengua conllevan a una acción, entendida esta como la concreción de acuerdos y resultados. Las estructuras de acción comunicativa, orientadas a esos acuerdos, se vuelven cada vez más efectivas cuando se basan en la reproducción cultural como en la interacción social, o en la formación de la personalidad, en lo individual.
La Acción Comunicativa como concepto, entonces, implica para Habermas cuatro supuestos: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad. Estos, según Habermas, forman la base de validez del habla. El uso primario del lenguaje sería el orientar su empleo al entendimiento. El lenguaje sirve para ayudarnos a comunicarnos, y para poder comunicarnos son precisos esos cuatro supuestos; y el lenguaje nos “obliga” a cumplirlos. En la próxima publicación, cómo se describen estos cuatro supuestos, y cómo se relacionan con el lenguaje y la comunicación social.
viernes, 15 de marzo de 2013
Teoría de la "Acción Comunicativa"
En la publicación de ayer nombré entre las tradiciones fenomenológicas de la comunicación a la teoría de las Acciones Comunicativas, formulada por Jürgen Habermas, que si bien es un filósofo de la Escuela Crítica, no deja de estar relacionado con las ideas fenomenológicas por su enfoque de relaciones interpersonales entre los actores de la comunicación.
Habermas estudia las sociedades como sistemas complejos, donde cada individuo desaparece convertido en parte de los procesos sociológicos, entre ellos la comunicación. Ésta entonces funciona en el nivel de la interacción simbólica. Esos símbolos median de manera recíproca, actuando entre los componentes sociales. Para ello influyen los horizontes que privan en cada grupo social, que permiten los procesos de entendimiento, y también de alienación y subordinación.
En el sistema de referencias existen, según Jürgen Habermas, tres "mundos": el objetivo, como totalidad de las entidades sobre las que son posibles enunciados verdaderos; el social, como totalidad de las relaciones interpersonales válidamente reguladas; el subjetivo, como totalidad de las propias vivencias de cada cual, y a las que se accede por manifestación pública. En este último caso los referentes al "acto de habla"aparecen como algo objetivo, subjetivo o normativo en función de del mundo que les es común a los actores de la comunicación. De esta manera la acción comunicativa se basa en el consenso simbólico.
La comunicación real está llena de problemas que impiden las condiciones ideales del habla. Para que esta se de, deben haber cuatro supuestos: Inteligibilidad (que los demás comprendan). Verdad (en aquello que se dice en relación con la realidad). Rectitud (aceptación de las normas por todos establecidas). Veracidad (lo que se dice debe ser lo que se cree o se piensa). Cuando alguno de estos supuestos no se cumple, se pierde la validez en la comunicación. Podemos usar el lenguaje para engaña, manipular estafar, lo que representa una problematización que interrumpe el proceso de validez de la comunicación.
Es aquí entonces donde Habermas hace la crítica a los medios y a sus procesos manipuladores y a los poderes del lenguaje para reproducir los estamentos de dominación y alienación, sobre la base de la utilización de esos supuestos. Pero a la vez esas mismas acciones pueden llevar a una nueva ética, si son entendidos y reformulados, en una nueva consensualidad de la verdad, que haga justicia en las relaciones colectivas interpersonales y culturales de cada sociedad.
Habermas estudia las sociedades como sistemas complejos, donde cada individuo desaparece convertido en parte de los procesos sociológicos, entre ellos la comunicación. Ésta entonces funciona en el nivel de la interacción simbólica. Esos símbolos median de manera recíproca, actuando entre los componentes sociales. Para ello influyen los horizontes que privan en cada grupo social, que permiten los procesos de entendimiento, y también de alienación y subordinación.
En el sistema de referencias existen, según Jürgen Habermas, tres "mundos": el objetivo, como totalidad de las entidades sobre las que son posibles enunciados verdaderos; el social, como totalidad de las relaciones interpersonales válidamente reguladas; el subjetivo, como totalidad de las propias vivencias de cada cual, y a las que se accede por manifestación pública. En este último caso los referentes al "acto de habla"aparecen como algo objetivo, subjetivo o normativo en función de del mundo que les es común a los actores de la comunicación. De esta manera la acción comunicativa se basa en el consenso simbólico.
La comunicación real está llena de problemas que impiden las condiciones ideales del habla. Para que esta se de, deben haber cuatro supuestos: Inteligibilidad (que los demás comprendan). Verdad (en aquello que se dice en relación con la realidad). Rectitud (aceptación de las normas por todos establecidas). Veracidad (lo que se dice debe ser lo que se cree o se piensa). Cuando alguno de estos supuestos no se cumple, se pierde la validez en la comunicación. Podemos usar el lenguaje para engaña, manipular estafar, lo que representa una problematización que interrumpe el proceso de validez de la comunicación.
Es aquí entonces donde Habermas hace la crítica a los medios y a sus procesos manipuladores y a los poderes del lenguaje para reproducir los estamentos de dominación y alienación, sobre la base de la utilización de esos supuestos. Pero a la vez esas mismas acciones pueden llevar a una nueva ética, si son entendidos y reformulados, en una nueva consensualidad de la verdad, que haga justicia en las relaciones colectivas interpersonales y culturales de cada sociedad.
jueves, 2 de febrero de 2012
De Habermas y la modernidad
Jürgen Habermas nacido en 1929 es un filósofo y sociólogo alemán, y es el miembro más eminente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría crítica. Entre sus aportaciones está la construcción teórica de la democracia deliberativa y la acción comunicativa. Aquí una frase de sus pensamientos.
"La modernidad estética se caracteriza por actitudes que tienen su eje común en una nueva conciencia del tiempo, expresada en las metáforas de la vanguardia. La vanguardia se ve a sí misma invadiendo territorios desconocidos, exponiéndose al peligro de encuentros inesperados, conquistando un futuro, dejando huellas en un paisaje que todavía nadie ha pisado."
En "Modernidad: un proyecto incompleto", 1989.
"La modernidad estética se caracteriza por actitudes que tienen su eje común en una nueva conciencia del tiempo, expresada en las metáforas de la vanguardia. La vanguardia se ve a sí misma invadiendo territorios desconocidos, exponiéndose al peligro de encuentros inesperados, conquistando un futuro, dejando huellas en un paisaje que todavía nadie ha pisado."
En "Modernidad: un proyecto incompleto", 1989.
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