viernes, 9 de octubre de 2015

Una teoría del tiempo libre por Dumazedier

La tecnología actual ha multiplicado las posibilidades de uso del llamado "tiempo libre", que no obstante de una forma u otra ha existido desde siempre en la mayoría de las civilizaciones, pero que los últimos 200 años (con la sociedad industrial) ha cambiado su concepción para ser lo que es hoy: tiempo no dedicado a la producción o al trabajo. Sobre el ocio y sus consecuencias y derivados se ha escrito mucho y analizado mucho.

En particular el psicólogo francés Joffre Dumazedier (1915-2002) ha planteado la idea de que el tiempo libre es un hecho objetivo, generado por nuestra sociedad y que debe ser visto como parte piscológicamente integral del individuo y de la sociedad: “Ocio es el conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse con pleno consentimiento, ya sea para descansar o para convertirse, o para desarrollar su información o su formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de (todas) sus obligaciones profesionales, familiares y sociales”. De esa definición se sacan algunas consideraciones que son importantes y oportunas de retomar: un elemento inicial es el carácter objetivo de la misma, puesto que se concibe al ocio como un conjunto de ocupaciones; por el lado subjetivo lleva a entender que el ocio está dado por la posibilidad de obrar personalmente con pleno consentimiento; y por último, se especifica el hecho de que el ocio se manifiesta después de haberse liberado el individuo de sus ocupaciones.

De esta forma el tiempo libre puede invertirse en las tres D: Descanso, Diversión Desarrollo. Como se ve, estas son ideas que no podían se comunes a las gentes de las culturas anteriores a la industrialización y la división del trabajo. Dumazedier partió del ocio vivido por la mayoría de los trabajadores urbanos, en su totalidad, e integrado en el conjunto de la vida cotidiana en un momento de su especificación. Ello también trae una connotación valorativa: el ocio negativo y el ocio positivo. Por lo tanto debe ser enfocado hacia el aprendizaje (aprender a descansar, aprender a socializar), hacia la participación y la liberación individual, hacia el fomento de la creatividad y la originalidad y finalmente hacia el desarrollo de una conciencia crítica.

El ocio positivo (no aquel dedicado a la vagancia y el consumismo) implica que hay un cambio de obligaciones por satisfacciones, no está motivado por el lucro -en principio- o un fin utilitario y hay un placer, un disfrute que ayuda al crecimiento individual y social. ¿Cómo el mundo contemporáneo afronta esas actitudes? Depende tanto de cada quien, como de la cultura que la colectividad asuma como válida. No hay una sola respuesta.


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