Esta cuestión abre diversos debates, y eso solo ciñéndonos al campo del arte, sin entrar en la comunicación o en otras disciplinas visuales. Es principio y como respuesta corta es que depende del crítico, del tipo de imagen y de las condiciones de observación. Pero vayamos por partes, distinguiendo niveles. Claro que a veces puede, pero no por razones puramente visuales, sino por razones contextuales, procesuales y éticas. Cuando no puede, la teoría de la imagen entra en crisis. Sin ayudas técnicas ni información adicional, un crítico entrenado puede no distinguir sistemáticamente una imagen IA de alta calidad de una fotografía o pintura real.
Estudios recientes muestran que incluso expertos en artes visuales aciertan solo ligeramente por encima del azar (entre 55% y 60%) cuando se enfrentan a imágenes IA fotorrealistas. La razón es que la IA aprende a replicar texturas, iluminación, profundidad de campo, grano, aberraciones cromáticas, etc. No hay "marca de fábrica" visual estable.
El plano ontológico (lo que está en juego teóricamente es el estudio del ser), si un crítico no puede distinguir una imagen IA de una auténtica en condiciones controladas, entonces la teoría de la imagen basada en la percepción pura colapsa (no hay "esencia" visible de la imagen real). Así, la diferencia debe buscarse en el régimen de producción y circulación, no en el objeto visual mismo. Como consecuencia, el crítico cambia de función: ya no es un "catador visual", sino un "investigador forense del origen".
Algunos teóricos sostienen que esto no es una pérdida, sino una expansión de la crítica: ahora el crítico debe entender estadística, entrenamiento de modelos y políticas de datos. Un crítico de arte puede distinguir una imagen IA de una auténtica solo cuando la imagen IA es mala (tiene errores evidentes). Cuando la IA es buena, el crítico difícilmente puede distinguir visualmente. Por lo tanto, la calidad de la IA se define justamente por su capacidad de volver innecesaria la distinción que el crítico pretende hacer. El crítico, entonces, solo existe como verificador del fracaso de la IA, no como juez de su éxito.
Esto plantea un posible debate: si el crítico no puede distinguir, ¿no debería eso alarmarnos? ¿No implica que la IA produce algo indistinguible de la imagen, pero no por eso igual? Si la indistinguibilidad perceptiva es total, ¿sobre qué base material o conceptual se afirma la diferencia? ¿No es una diferencia puramente metafísica, no verificable? Como vemos, es un asunto bien complejo, actual y complicado de resolver. Y eso que no nos hemos preocupado acá del tema ético, que ya es otro gran problema.

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