viernes, 26 de septiembre de 2014

Ver para creer

Siempre se pueden hacer divagaciones interesantes, como por ejemplo la discusión entre la realidad que se ve o percibe y la que no se capta sensorialmente. ¿Existe una realidad no perceptible? Un ejemplo: gracias al microscopio se descubrió que existen unos diminutos parásitos llamados ácaros, que viven entre los pliegues de la piel y en las telas y colchones, y caminan por nuestra ropa, cabello y labios. Esos seres han existido siempre, pero no éramos capaces de verlos... ¿Usted los ha visto? Debemos aceptar lo que nos muestra la ciencia, creer en lo que ven los ojos electrónicos. Esas visiones (o imagóculos) se han registrado en imagramas, y aceptamos que son verdaderos aun cuando no les veamos "en vivo". Aquí queda entonces revelado otro problema, que es el de los diferentes niveles de realidad. Y más aún, tal como se señaló con anterioridad en otras publicaciones aquí, quedaría por discernir cuándo una realidad es real y qué es, filosóficamente o materialmente, ese concepto. ¿Se puede creer en lo que no se ve?

Un autor ligado a la comunicación y la psicología, Paul Watzlawick, en su libro “¿Es real la realidad?” propone un análisis para la comprensión de la realidad en el que aparece una visión dicotómica, ya que distingue entre realidades de primer rango, descritas por la objetividad de su estado físico, y de segundo orden, en las que interviene la subjetividad compleja del significado que les atribuimos. No hay, pues, una ‘realidad real’, sino representaciones de la realidad, donde incluso también existen los imaginarios ‘patológicos’, las visiones supuestamente distorsionadas. Estos planteamientos escapan, de todas maneras, al alcance de este blog. Sin embargo, sí hay cosas en este tema ligadas  la ciberestética como veremos en la próxima publicación.


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