martes, 16 de abril de 2019

Sobre Nuestra Señora de París

A raíz del incendio ayer tarde de la catedral de Notre Dame de París, que quemó toda su techumbre de más de 800 años de antigüedad, y afectó parte de su estructura, mucho se ha escrito sobre su significación y consecuencias del suceso. Tal vez sea seguir la tendencia, pero me siento impelido a comentar al respecto. En primer término, el hecho es lamentable, como todo aquel acontecimiento que significa una pérdida para el arte, la cultura y la historia de la humanidad, tal como el incendio del Museo de Arte Río de Janeiro en Brasil, el terremoto en Asís, la destrucción de templos y estatuas budistas por los islamistas radicales, o las zonas arrasadas por las guerras, incluyendo ciudades enteras (Bagdad o Palmira, para nombrar solo un par de las que siempre se citan). He leído muchos comentarios quejándose porque se le da importancia a ese edificio en Francia porque es del "primer mundo", cuando hay cosas más importantes por las que lamentarse: hambrunas, pestes, la contaminación del planeta, la desigualdad social, el narcotráfico o la corrupción de los gobernantes. Cierto. Hay mucho de qué quejarse. Pero una cosa no impide otra. Creo que es muy sesgado limitarse a un solo aspecto de la realidad, y despreciar otros hechos por considerarlos irrelevantes o lejanos.

Con la Catedral de Nuestra Señora, en París, pasa algo particular: se ha universalizado su imagen. Bien sea porque está en una capital famosa, o porque está presente en la literatura o en el cine (la industria cultural actúa, no cabe dudas), esa iglesia es paradigmática. Sin contar lo que históricamente representa, tiene un valor cultural que la hace única. Es el ejemplo más conocido del arte gótico, sin ser su más destacado representante (más notable es la Catedral de Colonia, o la de Reims, o la más mística de todas, Chartres); y es modelo de un momento y un lugar. Curiosamente, hace unos años en el blog hice una lista de los que me parecen los 12 edificios más relevantes por su trascendencia (https://ciberestetica.blogspot.com/2011/05/los-12-edificios.html), y como hito del Gótico puse la Iglesia de Saint Denis y no Notre Dame. Pero la casa de Quasimodo tiene un encanto especial. 

Ahora bien, no voy a hablar del edificio, su historia, valor o trascendencia -ya de esto hay ríos de textos-, sino de mi experiencia allí. Afortunadamente he estado varias veces ahí, y siempre es una vivencia prodigiosa. En especial recuerdo una vez que fui solo, y pude deambular sin bitácora dentro de la catedral, admirando sus rosetones y vidrieras, sus estatuas de madera y sus esculturas internas, con tiempo sobrado. Y me acerqué a acariciar una de las columnas laterales, en un espacio de menor tránsito, y mientras tocaba esas piedras centenarias, me trasladé al medioevo, para conectarme con los artesanos, los picapedreros, los feligreses, los ciudadanos comunes que colmaron esos espacios cuando se hicieron, y sentí a la humanidad allí presente. Gente común, que creía en sus verdades, que se esmeró y dejó para el futuro ese documento en piedra de sus realidades y valores. Algo que es común a todos los seres humanos. Para mi fue como una experiencia multimedia: sensaciones, sonidos, olores, imágenes y pensamientos... todo en unos instantes. Maravilloso. Tengo, por lo tanto, mis razones para sentir también esa catástrofe.  Pero también tengo la seguridad de que, como en otras ocasiones, la gran Señora de París, será reconstruida y seguirá asombrándonos muchos años más. 









Todas son fotos tomadas por mi y por mi hijo, en noviembre de 2012

2 comentarios:

  1. Soy testigo de las fotos que aqui aparecen y comparto la fortuna de haber estado alli. Indiscutiblemente, Notre Dame es una referencia histórica, cultural, política y religiosa.

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    1. Totalmente, amigo, y ese valor trasciende tiempos y sociedades.

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