jueves, 16 de marzo de 2017

Más de Adolf Loos y el ornamento

Como ya he venido reseñando, la construcción de una semiótica de la arquitectura, dentro del conjunto de lenguajes no verbales, está ligada a la definición de sus elementos como signos, y su sintaxis o sistematización. Uno de esos signos es el ornamento, el adorno como posible signo cargado de contenidos. Esos signos arquitectónicos, los ornatos, podrían ayudar a la edificación gramática arquitectónica. Tradicionalmente había sido así, y los estilos se identificaban por esos elementos estéticos. Pero varios arquitectos de la modernidad se opusieron, a principios del siglo pasado, a respetar esas tradiciones. 

Ese es el caso del arquitecto austríaco Adolf Loos (1870-1933), quien escribió en 1908 "Ornamento y delito", un texto crítico en el que cuestiona el uso de adornos y ornato superficial para decorar la arquitectura. El propugna la limpieza visual, el uso de materiales netos para identificar superficies, espacios adaptados a sus funciones y formas sencillas. Eso era contrario al Art Nouveau o Modernismo que campeaba por la Europa de principios del S. XX. Para él la modernidad debía ser claridad. limpieza, economía y jerarquización.  

Escribió: "El ornamento es fuerza de trabajo desperdiciada y por ello salud desperdiciada. Así fue siempre. Hoy significa, además, material desperdiciado y ambas cosas significan capital
desperdiciado". Sus diseños y obras construidas reflejan estos planteamientos, y servirán de inspiración a los arquitectos del modernismo de la posguerra: Le Corbusier, Walter Gropius, Mies van der Rohe. Con ese "vocabulario" de elementos arquitectónicos sencillos, limpios y claros, se estableció una nueva forma de ver al edificio y sus significaciones, que sería la predominante durante más de 50 años, y que aún hoy es considerada fundamental en el diseño contemporáneo.     


Adolf Loos en 1911

Edificio Goldman & Salatsch

Villa Steiner

Casa Tristan Tzara

Radio Praga

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