miércoles, 25 de enero de 2012

Las 12 pinturas (9): La noche estrellada

Van Gogh despierta sentimientos encontrados. Se sabe que llevó una vida atribulada, incluso algo insana, que su apasionamiento lo llevó al sufrimiento, que en un arranque (¿de locura, de rabia, de desesperación?) se cortó un trozo de su oreja, y que su actividad febril le permitíó terminar decenas de cuadros, que nunca vendió. Y de esa figura surge una obra que defeniría la transición del siglo XIX al XX en mucho de su estética, estilo y técnica, además de temática y expresión.

Vincent Willem van Gogh (1853-1890), nacido en Holanda y muerto en Francia, representa la transición del impresionismo hacia nuevas expresiones estilísticas, como el expresionismo y el fauvismo. Ciertamente la palabra genio se mal usa, pero seguramente en este caso, es aplicable sin atenuantes a Vincent. Entre la locura y la genialidad, sus 37 años discurrieron entre su casa y su familia y su soledad acompañada de artistas y pocos amigos que poco o nada comprendieron su obra. De hecho, sólo se valoró la grandeza de su aporte a su muerte, trágica y absurda: se disparó el mismo...

Empezó a dedicarse a la pintura ya tarde, y sus estudios fueron poco formales, pero su apasionamiento lo llevó a adquirir una técnica propia muy pronto, y partió hacia Francia en 1885. Allí conoce a los pintores del ya consolidado movimiento impresionista, y comparte especialmente con Paul Gaugain (1848-1903), con quien va a tener una turbulenta amistad. Es en estos cinco años que produce el grueso de su obra, y define su manera de presentar su mundo.

Pero es incomprendido, y sólo subsiste porque su hermano menor Theo Van Gogh, marchante de arte, lo mantiene y anima. Es de este período sus famosos retatratos de amigos y gente común, las visiones de su cuarto en Arles, los girasoles, los campos de trigo y sus fantásticas noches iluminadas.

A trece meses de morir, en 1889, pinta esta formidable "Noche estrellada", epítome de la pintura de Van Gogh, y uno de los cuadros trascendentales de la historia de la pintura moderna. Lo realiza estando en el sanatorio de Saint-Remy-de-Provence, siendo tratado de sus desequilibrios emocionales. Se siente bien, es tratado con afecto, y ello lo impulsa a pintar con fuerza y dinamismo. Eso desborda en este lienzo al óleo, de 73 cms. por 92 cms, que hoy podemos admirar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. No es solo la descripción visual de un momento (la noche y sus estrellas como remolinos de luz) sino la expresión de un estado de ánimo. Allí están condensadas muchas cosas: el paisaje, la iglesia (Van Gogh era muy religioso), la luna, los árboles y esos arremolinados astros que son lo más notable de esta obra.

El uso de los trazos, las pinceladas gruesas, el color puro, son caraterísticos de su obra, y van a demarcar el nacimiento del neo-impresionismo, influyendo en todo el arte occidental de principios del siglo XX. Sin duda Vincent Van Gogh hizo el aporte más apasionado al arte en los últimos 150 años.






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