jueves, 19 de enero de 2012

Las 12 pinturas (3): La muerte de la Virgen

Si hay un pintor cuya vida fue atribulada realmente, ese es Michelangelo Merisi: Caravaggio. Nacido en Milán en 1571, es el gran exponente del Barroco, con una obra intensa que completó en apenas 38 años, puesto que murió en circunstancias confusas (si es que murió allí en Porto Ercole, aún hay dudas de lo que sucedió) en 1610. Durante su vida, transcurrida entre Roma, Nápoles, Malta y Sicilia, pintó más de 200 cuadros (de los cuales firmó uno solo, pero hay registros de casi todos los demás), todos con una fuerza y un estilo tan particular que lo convierten en uno de los artistas más paradigmáticos de su tiempo.

En Milán comenzó su aprendizaje, y a los 21 años llega a Roma para dedicarse a vivir de su talento. En pocos años desarrolla su estilo, tomando influencias de todo lo que veía, y es muy solicitado por su gran calidad como pintor. Aunque empieza tomando encargos religiosos, termina abarcando todo tipo de temática, pagana y mitológica, anecdótica y mundana; mostrando en todas sus obras una enorme capacidad de manejo de las formas, los volúmenes, las luces, los colores y las sombras.

Hacia 1600 es probablemente el mejor pintor de Roma, y junto con su fama y volumen de trabajo, empiezan sus problemas de carácter y de dinero, puesto que ganaba bien pero así gastaba. Se vio envuelto en riñas, deudas, peleas, hasta cuchilladas recibió. Estuvo preso y varias veces hubo de huir de la justicia por pendeciero. Para colmo sus imágenes que eran muy realistas incluian figuras grotescas, retratos crudos y acciones que impactaban al público. De hecho algunos de los encargos no le fueron pagados, porque al rechazarlos y no aceptarlos se quebraba el compromiso. Este fue el caso justamente de "La muerte de la Virgen",  de 369 x 245 cms. pintada en 1606 por encargo de Laerzio Cherubini, un abogado del papa Paulo V, para su capilla en la iglesia carmelita de Santa María della Scala, en el Trastevere, Roma.

Ya para esta fecha Caravaggio era un pintor polémico, y los prelados de la iglesia no estaban nada convencidos de que él fuese quien representara el fallecimiento de la Virgen María. Y sus razones tenían.  En primer lugar, la modelo que usó para la Virgen era una conocida prostituta amiga de él, que ya había aparecido en otros cuadros. María Magdalena y los apóstoles aparecen vestidos como gente común, lo cual da al cuadro un ambiente muy lejano a la divinidad que debería emanar de un momento sacro como lo es este. Finalmente no es aceptado, por lo que pasa a otras manos, terminando después de varias reventas entre las posesiones del rey Luis XVI de Francia. Es por ello que hoy está en el Louvre de París.

Lo original del cuadro es que la escena transcurre en un ambiente humilde, en un ambiente lóbrego. Los colores son muy oscuros, con apenas unos únicos toques luminosos del rojo de la ropa de la muerta y un gran telón rojo que pende por la parte superior del lienzo, que es prácticamente el único elemento de una escenografía pobre. Pero es en todos estos elementos que descansa la grandeza de esta obra, en la que las figuras casi tienen el tamaño de la escala real.

Se trata de una obra trascendental dentro de la historia de la pintura. El tema sagrado se ha despojado de toda superficialidad e irrealidad. Los personajes se representan según modelos del natural, son personas comunes, están iluminanadas de manera que se acentúa el dramatismo del momento. Representa de manera realista el dolor de la pérdida de un ser querido, estableciendo un cánon temático nuevo, ajeno a la tradicional pintura religiosa de siglos anteriores.

La turbulenta vida de Caravaggio hizo que su obra fuera mal vista con el tiempo, y durante un siglo fue casi olvidada, pero hacia 1800 empezó a revalorarse, y finalmente fue reconocida como uno de los aportes más originales a la pintura occidental. Y en particular esta "Muerte de la Virgen" fue apreciada con nuevos ojos, de manera que influyó grandemente en muchos de los pintores de los últimos 200 años.   





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